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martes, 25 de junio de 2019

Hoja al viento



Otra vez ha pasado
por mi puerta
la belleza
casi huyendo
sin que pudiera verla.
Otra vez
han de inventar mis manos
el estremecimiento de su cuerpo
en la oscuridad,
cultivar mis párpados
la costumbre cada día más frágil
de pensarla
y cumplir mis ojos la penitencia
de la ausencia
donde ella,
indiferente, resplandece
como si nada supiera
de la muerte.


Alfredo Buxán

miércoles, 3 de abril de 2019

Bajo la luna



Camina hacia la casa de la infancia
midiendo cada paso. No puede verle nadie
porque el polvo se extingue con los años
y sólo queda el hondísimo rasguño
de la felicidad en el alma desarmada
de quien se acerca a la orilla
con el fervor intacto de los primeros años.
Un hombre solitario bajo la luna llena
parado ante un paisaje que no existe
para el resto del mundo.
Abre el portón
con lentitud, como ha hecho siempre.
Se detiene en el umbral ya casi sin aliento.
Como si no quisiera desvelar el misterio
o alborotar la paz de los que duermen.

Alfredo Buxán

Mi casa de la infancia en la isla  Tierra del Fuego

sábado, 30 de marzo de 2019

Viaje de vuelta



El viaje es el mismo
que hicieron tus ancestros:
volver a abrir la puerta
que cerraste con llave
el día que te fuiste
(ajeno a los peligros
que acechaban ocultos
tras la tapia del huerto)
a descubrir el mundo.

El olor a cerrado
se irá muy lentamente
y sentirá tu alma
la luz de la belleza
que permanece intacta
en el mismo recinto
todavía en penumbra
que iluminó tu infancia.

Sin la argolla del tiempo
pesando en la memoria,
como si no existiera.

Alfredo Buxán
Muchas gracias Alfredo, este poema vino directo al corazón.
Esa casa es la de mis abuelos maternos en Coruxo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Decíamos ayer



He encontrado en las páginas primeras 
de la mañana, por sorpresa, el hilo 
de la memoria, el esquivo poema 
que contiene la vida. Es muy temprano. 
Estamos en septiembre, queda poco 
para decir adiós a todo esto 
hasta el año que viene. 
Hace días que llueve mansamente 
sobre el mundo, hay un cazo de leche 
y un presagio que humea en la cocina de carbón 
como una despedida. Qué pronto pasa un año. 
La abuela corta el pan en rebanadas 
todas iguales, como si fuera un dios, 
y me mira muy hondo cuando dice: 
e cedo, negra sombra, ¿ti nunca tes acougo? 
No sé qué contestar, todo es confuso. 
Tengo muy pocos años –me supongo– 
y hay cosas que no entiendo todavía. 
Le pido que me explique las razones del frío 
o cómo puede ser que aquel muchacho 
llegara a presentir, siempre callado, 
lo que iba a ser la vida después de algunos años, 
lo que iba a estar haciendo en esta tarde 
sin nadie: devanar la madeja de los días, 
volver la vista atrás, tirar del hilo. 

Alfredo Buxán
Victor Gilbert
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