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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Algunos consejos...




ALGUNOS CONSEJOS DE DOÑA LEONOR
A SU HIJO EL POETA JORGE LUIS

No permitas que ella cruce el jardín de la palabra solo,
que descorra cortinas de tu sombra
o que apoye su olor en los peldaños.
Podría ensuciar los muros con leyendas.
Podría dejar dos velas encendidas
y la palabra solo nunca presta su almohada.
No compartas el taxi ni el pañuelo.
Vigila noche y día.
No le entregues la llave de la puerta.
No atiendas el teléfono.
Si te mira, no mires.
Que ella no ponga un pecho en esta casa.


Jorge Boccanera

lunes, 11 de junio de 2018

Epílogo




Entonces Borges dormía con los ojos abiertos

y alimentaba su melancolía respirando la noche.
Era verano en el Hemisferio Sur,
él soñaba con el frío de Ginebra
o con la humedad implacable de Dakar.
Era verano en Buenos Aires
y el mundo le parecía un Atlas propio
donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.
Sus dedos pasaban
lentamente
sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,
una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,
hurgaba en su memoria el tiempo,
deshacía una a una las páginas escritas de su vida.



Fernando Sarria
Ginebra, 2015

jueves, 3 de septiembre de 2015

Desvelada



...... "con desvelada luz en las altas horas del sueño,

 demacrada de malas noches, distinta"

 Jorge Luis Borges

miércoles, 29 de julio de 2015

Dos formas del Insomnio


¿Qué es el insomnio?
La pregunta es retórica; 
sé demasiado bien la respuesta.
Es temer y contar en la alta noche 
las duras campanadas fatales, 
es ensayar con magia inútil 
una respiración regular,
 es la carga de un cuerpo 
que bruscamente cambia de lado, 
es apretar los párpados, 
es un estado parecido a la fiebre 
y que ciertamente no es la vigilia, 
es pronunciar fragmentos de párrafos 
leídos hace ya muchos años, 
es saberse culpable de velar 
cuando los otros duermen, 
es querer hundirse en el sueño 
y no poder hundirse en el sueño, 
es el horror de ser y de seguir siendo, 
es el alba dudosa...

BORGES
Sally Torch

martes, 20 de mayo de 2014

El Aleph



...¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra?  
Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado?
Nuestra mente es porosa para el olvido; 
 yo mismo estoy falseando y perdiendo,
 bajo la trágica erosión de los años,
 los rasgos de Beatriz.


Borges (final del Aleph)
James Turrell

jueves, 3 de abril de 2014

Un mundo sin libros...




Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros, 
hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; 
en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros. 
A lo largo de la historia el hombre ha soñado 
y forjado un sinfín de instrumentos. 
Ha creado la llave, una barrita de metal 
que permite que alguien penetre en un vasto palacio. 
Ha creado la espada y el arado, 
prolongaciones del brazo del hombre que los usa. 
Ha creado el libro, que es una extensión secular de su imaginación
 y, de su memoria.
A partir de los vedas y, de las biblias, 
hemos acogido la noción de libros sagrados. 
En cierto modo, todo libro lo es. 
En las páginas iniciales de El Quijote, 
Cervantes dejó escrito que solía recoger y leer 
cualquier pedazo de papel impreso que encontraba en la calle.
Cualquier papel que encierra una palabra 
es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu. 
Ahora, como siempre, el inestable y precioso mundo puede perderse. 
Sólo pueden salvarlo los libros, 
que son la mejor memoría de nuestra especie.
Hugo escribió que toda biblioteca es un acto de fe;
 Emerson, que es un gabinete donde se guardan 
los mejores pensamientos de los mejores; 
Carlyle, que la mejor universidad de nuestra época la forma una serie de libros. 
Al sajón y al escandinavo les maravillaron tanto las letras, 
que les dieron el nombre de runas, 
es decir, de misterios, de cuchicheos.
Pese a mis reiterados viajes, soy un modesto Alonso Quijano 
que no se ha atrevido a ser don Quijote 
y que sigue tejiendo y destejiendo las mismas fábulas antiguas. 
No sé si hay otra vida. 
Si hay otra, deseo que me esperen en su recinto 
los libros que he leído bajo la luna con las mismas cubiertas 
y las mismas ilustraciones, quizá con las mismas erratas,
 y los que me depara aún el futuro.
De los diversos géneros literarios, 
el catálogo y la enciclopedia son los que más me placen.
 No adolecen, por cierto, de vanidad. 
Son anónimos como las catedrales de piedra 
y como los generosos jardines.
No veré, por cierto, los textos que su diligencia ha juntado,
 pero sé que desde el otro hemisferio me beneficiarán de algún modo 
y que serán de grata lectura.


Borges
Valentin Rekunenko

jueves, 2 de enero de 2014

La trama

 
Las migraciones que el historiador, 
guiado por las azarosas reliquias de la cerámica y del bronce, 
trata de fijar en el mapa y que no comprendieron
 los pueblos que las ejecutaron. 
Las divinidades del alba que no han dejado 
ni un ídolo ni un símbolo.
El surco del arado de Caín.
El rocío en la hierba del Paraíso.
Los hexagramas que un emperador descubrió 
en la caparazón de una de las tortugas sagradas.
Las aguas que no saben que son el Ganges.
El peso de una rosa en Persépolis. 
El peso de una rosa en Bengala.
Los rostros que se puso una máscara que guarda una vitrina.
El nombre de la espada de Hengist.
El último sueño de Shakespeare..
La pluma que trazó la curiosa línea: 
He met the Nighmare and her name he told.
El primer espejo, el primer hexámetro.
Las páginas que leyó un hombre gris 
y que le revelaron que podía ser don Quijote.
Un ocaso cuyo rojo perdura en un vaso de Creta.
Los juguetes de un niño que se llamaba Tiberio Graco.
El anillo de oro de Polícrates que el hado rechazó.
No hay una sola de esas cosas perdidas 
que no proyecte ahora una larga sombra 
y que no determine lo que haces hoy o lo que harás mañana.
 
 
Borges 
 Tapestry with scenes of the war of Troy, Tournai, Belgium, 1475-1490

jueves, 31 de octubre de 2013

Borges

And ne forhtedon na’ (Y sin temer nada)
La tumba de Borges, con el número 735 
posee una pequeña cruz de Gales y la inscripción “1899/ 1986” 
en la piedra que se levanta al ras de la tierra. 
El epitafio antes mencionado está escrito en inglés antiguo 
que él conoció bien en vida, 
proviene de un poema épico intitulado “La batalla de Maldon”,
 en el que un guerrero arenga a sus hombres 
antes de morir peleando contra invasores vikingos 
en Essex, Inglaterra, en el siglo X.
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sábado, 28 de septiembre de 2013

El sur



No turbaban la tierra elemental 
ni poblaciones ni otros signos humanos. 
Todo era vasto,
 pero al mismo tiempo era íntimo y,
 de alguna manera, secreto. 
En el campo desaforado, 
a veces no había otra cosa que un toro. 
La soledad era perfecta y tal vez hostil


Borges 
Cramer

domingo, 23 de junio de 2013

La noche de San Juan


El poniente impecable en esplendores
quebró a filo de espada las distancias.
Suave como un sauzal está la noche.
Rojos chisporrotean
los remolinos de las bruscas hogueras;
leña sacrificada
que se desangra en altas llamaradas,
bandera viva y ciega travesura.
La sombra es apacible como una lejanía;
hoy las calles recuerdan
que fueron campo un día.
Toda la santa noche la soledad rezando
su rosario de estrellas desparramadas. 



Borges
Pintura:Jules Breton

sábado, 9 de junio de 2012

La biblioteca de Babel


No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos.
De esas premisas incontrovertibles
dedujo que la Biblioteca es total
y que sus anaqueles registran
todas las posibles combinaciones
de los veintitantos símbolos ortográficos
(número, aunque vastísimo, no infinito)
o sea todo lo que es dable expresar:
en todos los idiomas."



Borges
Pintura: Lynn Shaler

martes, 14 de junio de 2011

And ne forhtedon na’ Y sin temer nada


De todas las ciudades del planeta,
de las diversas e íntimas patrias
que un hombre va buscando
y mereciendo en le decurso de los viajes,
Ginebra me parece la más propicia a la felicidad.
Le debo, a partir de 1914, la revelación del francés,
del latín, del alemán, del expresionismo,
de Schopenhauer, de la doctrina del Buda,
del taoísmo, de Conrad, de Lafcadio Hearn
y de la nostalgia de Buenos Aires.
También la del amor, la de la amistad,
la de la humillación y la de la tentación del suicidio.
En la memoria todo es grato,
hasta la desventura.

Borges
Pintura: Camille Corot. Geneve

viernes, 10 de junio de 2011

Despedida


Tarde que socavó nuestro adiós.
Tarde acerada y deleitosa
y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios
en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba
sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente,
no para nosotros
sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz;
la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja
en esa gravedad de la sombra
que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado
yo volví de tu abrazo,
como quien vuelve de un país de espadas
yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras.

Borges
Pintura: A. Volkov

martes, 7 de junio de 2011

Jactancia de quietud


Escrituras de luz embisten la sombra,
más prodigiosas que meteoros.
La alta ciudad inconocible
arrecia sobre el campo.
Seguro de mi vida y de mi muerte,
miro los ambiciosos
y quisiera entenderlos.
Su día es ávido
como el lazo en el aire.
Su noche es tregua
de la ira en el hierro,
pronto en acometer.
Hablan de humanidad.
Mi humanidad está en sentir
que somos voces de una misma penuria.
Hablan de patria.
Mi patria es un latido de guitarra,
unos retratos y una vieja espada,
la oración evidente del sauzal en los atardeceres.
El tiempo está viviéndome.
Más silencioso que mi sombra,
cruzo el tropel de su levantada codicia.
Ellos son imprescindibles, únicos,
merecedores del mañana.
Mi nombre es alguien y cualquiera.
Paso con lentitud,
como quien viene de tan lejos
que no espera llegar.

Jorge Luis Borges , 1925
Pintura: Will Klemm. After dark

miércoles, 1 de junio de 2011

Ultimo sol en Villa Ortúzar


Tarde como de Juicio Final.
La calle es como una herida
abierta en el cielo.

Yo no sé si fue un Ángel o un ocaso
la claridad que ardió en la hondura.

Insistente, como una pesadilla,
carga sobre mí la distancia.
Al horizonte un alambrado le duele.

El mundo está como inservible y tirado.

En el cielo es de día, pero la noche
es traicionera en las zanjas.

Toda la luz está en las tapias azules
y en ese alboroto de chicas.

Ya no sé si es un árbol o es un dios,
ese que asoma por la verja herrumbrada.

Cuántos países a la vez:
el campo, el cielos, las afueras.
Hoy he sido rico de calles y de ocaso filoso
y de la tarde hecha estupor.

Lejos, me devolveré a mi pobreza.

Jorge Luis Borges
Pintura:
Michael Ashcroft

domingo, 15 de mayo de 2011

Spinoza


Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.


Borges

sábado, 14 de mayo de 2011


Un solo hombre ha nacido,
un solo hombre ha muerto en la tierra.
Afirmar lo contrario es mera estadística,
es una adición imposible.
No menos imposible que sumar el olor de la lluvia
y el sueño que anteanoche soñaste.
Ese hombre es Ulises, Abel, Caín,
el primer hombre que ordenó las constelaciones,
el hombre que erigió la primer pirámide,
el hombre que escribió los hexagramas del Libro de los Cambios,
el forjador que grabó runas en la espada de Hengist,
el arquero Einar Tamberskelver, Luis de León,
el librero que engendró a Samuel Johnson,
el jardinero de Voltaire,
Darwin en la proa del Beagle,
un judío en la cámara letal,
con el tiempo, tú y yo.
Un solo hombre ha muerto en Ilión,
en el Metauro, en Hastings, en Austerlitz,
en Trafalgar, en Gettysburg.
Un solo hombre ha muerto en los hospitales,
en barcos, en la ardua soledad,
en la alcoba del hábito y del amor.
Un solo hombre ha mirado la vasta aurora.
Un solo hombre ha sentido en el paladar
la frescura del agua, el sabor de las frutas y de la carne.
Hablo del único, del uno, del que siempre está solo.

Borges
Pintura: Charnine

lunes, 2 de mayo de 2011

Triste la lluvia


Triste la lluvia
que sobre el mármol cae,
triste ser tierra.

Triste no ser los días
del hombre,
el sueño,
el alba.


Borges
Pintura: H. Cottle

miércoles, 6 de abril de 2011

Declaración de amor a María Kodama


Te imagino flotando, elevándote
en las mañanas desde una cama en cualquier
hotel de este planeta, con el desasosiego que acostumbran
los viajeros cuando visitan tierra extraña.
Te veo como descendiendo de un tren,
abriendo tus insólitos párpados
que han fatigado desiertos y crepúsculos.
Esos párpados tuyos, que han contemplado el mundo
desde un globo. Desde su vuelo detenido en las fotografías,
ese paisaje se me antoja un acto de circo.

Luego te diriges hacia el baño, ejecutas
tus obligatorias y cotidianas abluciones. Acaricias
con el menudo peine todo lo largo
de esos cabellos tuyos tan lisos y con canas.
Observas indecisa en el espejo el paso de los años.
Ya no tenemos doce ni quince.
Ya no vivimos el asombro ante cualquier
pasión desmesurada. Yo también he aprendido
a perder esa inocencia.
Y persistimos en conservar el mismo nombre, María.
Todo lo que ahora te digo, tiene que ver
con el tiempo que pasa y la entidad que perdura,
como lo ha dicho la ciega memoria en unos versos.

Te quitas el pijama -si lo usas- Caminas hacia el ropero
impersonal. Escoges algo oscuro, a tono con la melancolía
de una mañana que no es seca ni húmeda.
Luego del perfume detrás de tus orejas tan humanas,
te despides del ancho y solitario dormitorio
hasta la noche, para repetir la odisea de Odiseo.

Deberás explicar en rutinarias conferencias
que el hombre a quien amas todavía, nunca escribió
aquel poema en donde se habla de arrepentimientos,
de viajes y de postres. Te verás obligada a defender
tu derecho a ser eterna. Hablarás sobre las formas
del haikú, doliéndote en tu corazón
por la trampa que somos tu auditorio.
Y nosotros -pedigüeños, terrenales-
no sabremos qué hacer ante tu sonrisa
y la cadencia de tu voz,
ante ese aire de desamparo
que has cultivado con tanta honradez.

Es una lástima, María. La vida continúa
como un rizoma, dispersándose, fluyendo
hacia la mar que es el morir.
La realidad insiste, María, nos ataca,
repitiéndose como en el espejo inagotable de los cuentos.
Seguirán las botellas en los bares,
el sediento alcohol de Poe, las manías del gato de Alicia.
Seguirá la porcelana sobre las mesas,
el ruego en los labios de los judíos.
Continuará la eterna metáfora de Heráclito,
la espada de los héroes, el atrevimiento de ser
aquel poeta menor de una antología suramericana.

Y tú te vas, María, y yo no sé si te amo
en este insomnio que no tiene fin.
Mañana levantarás el vuelo en un avión sin hélices.
Te marcharás a Madrid, a Austin, a Ginebra,
a tu Buenos Aires tan querido y tan odiado,
para repetir tu acto de magia, candorosa,
ante un público que se nos parece.

Harry Almela

Pintura: H. Caballero


martes, 5 de abril de 2011

Borges dormía con los ojos abiertos


Entonces Borges dormía con los ojos abiertos
y alimentaba su melancolía respirando la noche.

Era verano en el Hemisferio Sur,

él soñaba con el frío de Ginebra

o con la humedad implacable de Dakar.

Era verano en Buenos Aires

y el mundo le parecía un Atlas propio

donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.

Sus dedos pasaban
lentamente sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,

una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,

hurgaba en su memoria el tiempo,

deshacía una a una las páginas escritas de su vida.


Fernando Sarría
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