con la dulce inconsistencia de los sueños,
con la dura contundencia del escoplo
que atraviesa los muros de la cárcel.
Se abría camino entre las venas,
mirad cómo se daba, se vencía,
y a su paso todo era mejor,
como tocado por la gracia leve
que anida en los huesos de los pájaros.
Nube gris de la memoria, hecha de olvido,
tuvimos que sacarla de la casa
a empellones, a recuerdos.
Y cuando se fue, el mundo regresó
a su vieja costumbre de pesarlo todo.
Alfonso Brezmes























