sábado, 26 de mayo de 2018

Atemporal


Piedad en las palabras que se ocupan
En respeto a su memoria

sólo registros bellos
Sólo aroma o naranja
susurradas

Pues la palabra es apenas

sombra
de la palabra real
que es más bella aún

Las palabras “te evoco” por ejemplo

hacen un sonido claro:
el agua golpeando las hojas
y el entorno en silencio

Héctor Monsalve

viernes, 25 de mayo de 2018

Herida en el espejo



He ido a un lugar 
donde otra que soy me observa.
No alcanzo a definirla, 
es el espectro del tiempo en mi ventana.
Giro para mirar sus ojos.
Ella se detiene como una herida.

María Helena Giraldo
Bettina Baldassari

jueves, 24 de mayo de 2018

La mar de mis ojos



Hay mujeres que traen la mar en los ojos
No por el color
Sino por la vastedad del alma
Y traen la poesía en los dedos y en las sonrisas
Permanecen más allá del tiempo
Como si la marea nunca las llevara
De la playa donde fueron felices
Hay mujeres que traen el mar en los ojos
Por la grandeza de la inmensidad del alma
Por el infinito modo como abarcan las cosas y los hombres…
Hay mujeres que son marea en noches de tardes…
Y calma



Sophia de Mello Breyner Andersen 
Modigliani

martes, 22 de mayo de 2018

No conocía el mar



Diego no conocía la mar. 
El padre, Santiago Kovadloff, 
lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los médanos,
 esperando.
Cuando el niño y su padre
alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena,
 después de mucho caminar, 
la mar estalló ante sus ojos.
Y fue tanta la intensidad de la mar, 
y tanto su fulgor, 
que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar,
 temblando, tartamudeando, 
pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!


Eduardo Galeano.

domingo, 20 de mayo de 2018

Suavidad



En la gran claridad del día, 
el sosiego de los ruidos es también de oro.
Hay suavidad en lo que sucede.

Pessoa
Lisboa

miércoles, 16 de mayo de 2018

Tenía una manera...



Tenía una manera distante de hacer el amor: 
por la mirada y por la palabra. 
También por el tiempo, 
pues desde la época de su bisabuela, 
volver atrás era siempre algo irrealizable. 
 Vislumbraba a veces con firmeza un lugar,
 el más hermoso de su casa, 
la casa entera,
 porque toda la casa era bella 
y percibía entonces el tiempo de los niños, 
ahora el tiempo de los hombres.


María Gabriela Llansol
John Ennis

lunes, 14 de mayo de 2018

Yo estaba...


Yo estaba acostumbrada a venir a casa con un viejo amigo
Que ponía su mano en mis hombros. Yo raramente tropezaba
porque él irradiaba el calor de las manzanas y la paz del
Tilo. Era el árbol de mis pasos. Y volviendo a casa,
regresaba al Paisaje que me hacía humana.





Eu estava habituada a vir para casa com um velho amigo
Que me punha a mão nos ombros. Eu raramente tropeçava
Porque dele irradiava o calor das macieiras e a paz das
Tílias. Era a árvore dos meus passos. E, regressando a casa,
Regressava à Paisagem que humana me fazia.

María Gabriela Llansol 
Arturo Faldi

jueves, 10 de mayo de 2018

La casa sin puertas




Homero vio a Dios:
esa fue la causa de su ceguera.
Borges leyó a Homero,
y en sus hexámetros las naves
surcaban el mar para llevar el sol
hasta el ciego horizonte de sus ojos.
Yo he leído antes a Borges
y otro me lee a mí ahora.
Así viaja la luz
por esta casa sin puertas
cuyos muros son palabras:
iluminando unos cuartos
tras dejar otros a oscuras.


Alfonso Brezmes
Hammershoi

martes, 8 de mayo de 2018

El misterio de la vida



La vida nunca es como la esperas.
Abandonas los sueños.

Pierdes a las personas.
Te doblegas ante los poderosos 
muchas más veces de las que quisieras.
Las victorias son pequeñas y duran poco.
Las alegrías entregadas con cartilla de racionamiento.

Pero,

nunca nada es en vano.



Javier Solé

(Lo robé de tu blog Javier, gracias)

domingo, 6 de mayo de 2018

Poema del café




Yo le rezo al café de la mañana.

Le pido que me traiga la paciencia
de la que está hecha, sí, toda alegría.
Le pido conversar con mis abuelos,
que llevan muchos años en la tumba.
... Le pido que me traiga los recuerdos
que me enseñen quién fui, y cómo seré algún día.
Y le pido también, con cada sorbo,
que hasta mí traiga el canto de los mirlos,
y unas nubes huidizas, y una música
que me haga regresar a los lugares
en los que nunca he estado. Y le pido
el amor de los míos, que es tan frágil
como el brezo que crece entre las rocas.

Eduardo Jordá

jueves, 26 de abril de 2018

La buena vida




"Estás parado junto a la ventana.
Afuera hay una nube de vidrio 
que parece un corazón.
Los suspiros del viento 
son como cuevas entre tus palabras ...

La calle está en silencio.
El tiempo, de la misma manera 
en que el mañana y que tu vida,
parcialmente está acá, 
parcialmente en el aire.

La buena vida llega sin aviso ..."


Mark Strand

jueves, 19 de abril de 2018

Lenimento dell'anima



Me asustan los espejos, estos seres
Que, después de haber sido hechos en mil pedazos,
Siguen existiendo en cada fragmento.

Se parecen demasiado a un corazón.
Alfonso Brezmes
Van Hove

domingo, 8 de abril de 2018

Esa querida atmósfera de tango hacia las tres



En la barra desierta
 los camareros te ofrecen la penúltima copa. 
Suena detrás la música de siempre 
y poca gente queda bailando ya a esas horas,
 y en esos días últimos de enero,
 tan fríos como un lunes permanente … 
Sientes, frente al espejo, el orgullo tan duro de estar solo.
 Y los chicos te cuentan 
en qué sitio se puede comer de madrugada,
 o en qué tugurio, más o menos chic, 
se evita ver el sol cuando despunta el alba. 
La señora, después, te devuelve el abrigo,
 y te saluda cortésmente quejándose, 
vacío el guardarropa, de asuntos laborales …
Bajas la escalera. 
(¿Existe el amor? 
¿He estado yo alguna vez entre sus alas? 
¿Por qué soy el que soy, 
y no como eres tú, todo luz y belleza?) 
Descender hace más profundo 
este estepario orgullo de estar solo … 
Te despide ya un maître entre zalemas, 
y se apresura el portero a despejar la ruta … 
Te abrochas el gabán azul,
 y escéptico sonríes dejando una propina … 
Ahí está la noche, limpia, seca, estrellada, pura. 
La puerta se abre muy solemnemente:
 ¡Hasta mañana, señor!
 La soledad está servida

Luis Antonio de Villena
Fabián Pérez

jueves, 5 de abril de 2018

Mutaciones poéticas



En mi familia no hay poetas.


Pero mi abuelo Gregorio,
cuando regaba el huerto en Belinchón,
se quedó tantas tardes
velando las acequias, murmurando:
No bebemos
el agua: es ella quien nos bebe.
El agua
es
la mujer.

No, en mi familia no hay poetas.

Pero una vez, muy niña, encontré cáscaras
de huevo azul
a los pies del almendruco.
Se las mostré a mi padre y mi padre, silencioso,
me enseñó a hacerles un nido
con ramaje;
y me enseñó por qué: hay pedazos de vida
que son
sueños enteros.

En mi familia, os digo, no hay poetas.

Pero cuando mi bisabuela
Asunción
contempló por vez primera el mar
-la primera y la única-,
me cuentan que se quedó muy seria, muy callada,
durante un ancho rato, hasta que dijo:
Gracias
por
los ojos.

No sé de dónde salgo. En mi familia
no hay poetas
malos.


Martha Asunción Alonso
Gracias Rosa
Pintura: Dame Laura Knight

jueves, 29 de marzo de 2018

Despiértate


Despiértate, alma mía.
No sé dónde estás,
dónde te has escondido,
pero te lo pido, despiértate,
aún estamos juntos,
aún tenemos un camino por delante,
nuestra estrella será
el claro velo del alba.

Zagajewski

miércoles, 28 de marzo de 2018

Regresas




La luz que envuelve hoy tu casa,

mientras a ella regresas,
es la misma que un día te borró
en la dicha pasajera de saberte amado.
Tanto es así que no eres tú
el que ahora en soledad camina,
sino aquel que nunca acabó de llegar
extraviado en el único paisaje
de la memoria encendida de otro ser.
Por eso un momento te detienes 
para, separado del mundo, 
escuchar de nuevo la voz
de quien ya no existe,
pero que ahora te otorga
el don inmortal
de volver a nacer dentro de su olvido.


Javier Lostalé
Mi casa

martes, 27 de marzo de 2018

Aunque...



Aunque yo lo olvide todo
que mi palabra no olvide
pelear por su utilidad:
como cuando mi madre
poco antes de morir
agarró mi brazo
y me dijo al oído:
“de una casa sin alegría
hay que salir corriendo.”
No sé si recordaba que yo era su hija.
No sé si sabía su propio nombre.
Por eso sus palabras
eran la Palabra de Dios.
Ana Pérez Cañamares
Charnine

domingo, 25 de marzo de 2018

Nube de paso



Se abría paso entre los cuartos

con la dulce inconsistencia de los sueños,

con la dura contundencia del escoplo 
que atraviesa los muros de la cárcel.

Se abría camino entre las venas,

mirad cómo se daba, se vencía,

y a su paso todo era mejor,
como tocado por la gracia leve
que anida en los huesos de los pájaros.

Nube gris de la memoria, hecha de olvido,

tuvimos que sacarla de la casa 

a empellones, a recuerdos.
Y cuando se fue, el mundo regresó

a su vieja costumbre de pesarlo todo.


Alfonso Brezmes

martes, 13 de marzo de 2018

Tampoco una elegía



He vuelto a ver tu mesa, tu silla, tus papeles. 
He vuelto a ver el plato de loza en que comías. 
He tocado despacio tus libros favoritos
 y he cogido tu pluma,
 y he dormido en tu cama, de tu lado,
 poniéndome tu ropa, 
usando tu cepillo. 
Pero no importa,                           
irremediablemente, 
voy a perder tu olor, que tanto quise. 
Voy a perder tu voz y tu recuerdo
 y voy a maldecirme muchas veces 
por no haberme fijado en tantas cosas
 y por no haber estado más atento  pensando, 
como todos, que era eterno cuanto yo amaba.               

 Sergio Alvárez

jueves, 8 de marzo de 2018

La camarada


Claro que sos mi camarada
porque sos más, sos siempre más.
Hay la ruta en común, el horizonte
dibujado con lápiz de esperanza,
hay la amargura del fracaso
a la hora en que los hornos no se encienden
y hay que palear de nuevo el carbón del
mañana.
 
Claro que sos mi camarada
porque sos la que dice no, te equivocaste,
o dice sí, está bien, vayamos.
Y porque en vos se siente que esa palabra es una
lenta, feliz, necesaria palabra:
hay cama en camarada,
y en camarada hay rada,
tu perfume en mis brazos,
tu barca anclada al lado de la mía.
Cortázar

jueves, 22 de febrero de 2018

Devolvedme...



Devolvedme mi infancia / 
la república de los locuaces gorriones,
 las infinitas selvas de ortigas (…) / 
Ahora seguro que sabría /
 cómo ser niño, sabría / 
cómo mirar la escarcha en los árboles / 
cómo vivir inmóvil.




Zagajewski

lunes, 19 de febrero de 2018

Si al menos




Si al menos lo supiera...


No el álgebra exacta
y su alta verdad irrefutable;
no la filosofía que duerme
en los libros de los griegos;
no el Cosmos infinito
y su secreta arquitectura;
no las leyes de los cuerpos
que gobiernan su atracción
y su repulsa; no el amor,
ese desorden necesario;
no el silencio, ni la música;
no la levedad de este poema.

Si al menos lo supiera
antes de morirme…

Qué pinto yo aquí,
en esta maravilla.


Pintura: Giarrano
Poema: Alfonso Brezmes

miércoles, 14 de febrero de 2018

Tarde de perros




Caminan sin prisa,
ajenos al diluvio universal
de esta tarde de perros;
como si la especie estuviera
a salvo en la firme arca
de su abrazo frágil.

Sucede muchas veces
y de forma inexplicable:
en cada amor el mundo 
se salva del naufragio.


Alfonso Brezmes

viernes, 9 de febrero de 2018

Mi vida secreta



En mi vida secreta soy un hombre 

que vive como quiere y con quien quiere, 
y escribe unos poemas más bien malos
por el puro placer de desnudarse
delante de sí mismo sin complejos,
y frecuenta los bares y las noches
donde piensa magníficos poemas 
que después no escribe,
y llora y ríe y dice lo que quiere,
y malogra su vida en lo que ama, 
por si todo acabara antes de tiempo
en un mero entreacto de la obra.

No hay manera: lo he intentado.

En mi vida secreta soy yo mismo 
otra vez.


Alfonso Brezmes

domingo, 4 de febrero de 2018

Aparición



Si un día vengo y no me oyes,
y te hablo al oído y no me ves,
apaga las luces e imagina
el tierno corazón de algún niño
que se ha perdido en un bosque.

Si aún así te cuesta imaginarme,
piensa en las formas que adopta el deseo
para hacer perder a un hombre su vida
en los pormenores de la búsqueda,
e intenta creer que estoy ahí.

Cuando logres ver mi rostro entre la niebla,
trata de tocarlo para ver si es real,
y si aún así no lo consigues, no lo alejes 
del borde inexacto del recuerdo, ni lo arrojes
a los acantilados ocres de la oscuridad.

Saber quién soy no es lo que importa.
Lo que mata de la sed no es el sentirla:
lo que acaba matando es no sentir la sed.


Alfonso Brezmes
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