Amadeo

viernes, 5 de diciembre de 2014

Puente aéreo


Ella abre la puerta sigilosamente 
y guarda las llaves en el bolsillo del uniforme.
 Camina de puntillas hasta el final del pasillo,
 va quitándose la ropa y sonríe al imaginar la sorpresa. 
Tantea, a oscuras, para buscar el pomo de la puerta del dormitorio.
Al otro lado se escuchan risas enlazadas a un ‘blues’ dulzón. 
Dos hombres se abrazan, seguros de que el vuelo a Londres ha salido puntual.

Begoña Abad
Graber

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