
Mi madre de 87 años ha acumulado cientos de miles de recuerdos, pero en su intrincada maraña, su cerebro persiste en elegir algunos.
Ella recuerda que en su infancia española, corría por debajo de un parronal, tenía sobre su cabeza, por cielo, las hojas verdes de la vid con sus frutos colgando bajo el sol de Galicia.
¿Qué mecanismo extraño hace que ese recuerdo y no otro perdure con tanta fuerza hasta hoy y se transmita...?
Esa niña que ella fue, debe haberse maravillado con el paisaje, con el olor, con la luz diferente para lograr que ese recuerdo, que fue sensación, haya atravesado casi un siglo y como una vieja fotografía me lo entrega para que yo lo guarde y siga evocándolo.
La memoria tiene extrañas maneras de derrotar al olvido.
Foto: Carmencita 1926