
Te perturba tu estado
¿y sales?
Entonces cruje mi velador
y aunque mi corazón se desbande
me conmueve saber
que de alguna manera existes.
Cecilia Casanova
Foto: Julia Ester
blog de rescate de la historia familiar, de la patagonia, vivencias, recuerdos, arte y poesía

Por última vez




Ni el pájaro pese a sus alas
puede volar
más allá de lo escrito
Cecilia Casanova
Pintura: Angelo Badalamenti

En las derrotas dulces
en perder por goleada
está el aprendizaje
el aroma de la vida.
Los hay que no aprenden
que se quedan en el patio
que fracasan en el intento.
En las derrotas dulces
saboreas la fruta madura
la voz de la experiencia
los dientes de azúcar.
Eduardo Martínez C. en el blog de Antón
Pintura: Briks

Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles
y pide una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.
A la casa del frío
regresaré mañana, cuando el tiempo
exponga sus razones
y el corazón pregunte
lo que falta por ver,
cuántos latidos
pueden quedarle para detenerse.


Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
¿Qué dirían las calles, las escaleras y los pasillos
donde quizá tantas veces se cruzaron?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
quizá un encuentro frente a frente
en una puerta giratoria,
o algún “disculpe” entre la multitud
o un “está equivocado” al otro lado del teléfono…
Pero sé su respuesta.
No, no lo recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y, ahogando una carcajada,
de un brinco se apartaba.
Hubo signos, señales, presagios
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
la misma hoja de un hombro al otro hombro
hace tres años
o incluso el último martes?
Tal vez hubo algo perdido y encontrado por el otro.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales, en su infancia.
O los mismos picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso al otro tacto.
O maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche, tuvieron el mismo sueño
diluido en sombras inmediatamente después de despertar.
Porque no hay comienzo
que continuación no sea,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
Wislawa Szymborska
Pintura: Raymond Leech. Valentine rose.




Hebra, color, textura,