Mostrando las entradas con la etiqueta domingo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta domingo. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de diciembre de 2018

Remedios antidomingo



En esas horas
en que el suicidio 
no parece un disparate.
Mejor refugiarse en cualquier medicamento:
Un libro hipnótico
un gesto anticolvusivante.
Una ansiolítica tarde
sin malos pensamientos.

Tal vez algo de vino tinto
y antipánico.
Y miorrelajantes caricias 
homeopáticas.

Nada de muertos en noticias policiales,
ni polos derretidos, o tigres africanos.
Urge olvidarse de ayeres y mañanas
que nos conduzcan a la angustia del fracaso.

No disculpes la situación en esas horas
en que el suicidio no parece un disparate
pues toda precaución resulta poca
ante la tentación del somnífero balazo.

Marcelo Suárez de Luna
Detail of Nighthawks. Hopper



domingo, 9 de diciembre de 2018

Amante de lluvia


Vienes, desde tan lejos, a mis ojos 

y los ciegas de llanto.

Ciegos también tus ojos y los míos

bajo aquel aguacero de la noche

primera, palpándonos los rostros

para encontrar los labios y bebernos.

La lluvia generosa que caía

inundó de alegría la pobreza

de un domingo cualquiera,

que ya es único y nuestro,

y nos hizo sentirnos inmortales

(no puede ser humana tanta dicha),

anegados en besos, agua y risas.



¡Ay, amante de lluvia y alegría,

detenido para siempre en la noche que te amé!

Tan ido como el viento codicioso

que robaba los oros

a los dormidos árboles

y empujaba tu cuerpo contra el mío,

me vienes a la mente, de improviso,

volando la hojarasca

que otoño tras otoño te ocultaba.

Y la plaza sonora de la boca,

convertida en un pozo de silencios

donde oxidadas yacen las palabras

con su vaho levísimo de escombros,

se me llena de aquel urgente jugo

donde saltaban vivos, como peces, los besos.



Perdido y sin retorno, amor,

y yo ya acostumbrada a tanta ausencia,

de repente me vienes como un rayo

directo al corazón, reseco de cenizas,

y sangra la amapola disecada.

Tan lejos y tan ido, en un instante

te haces dueño de mí, lunar e intacta,

sólo con ver tu foto en los diarios..

Elvira Daudet


domingo, 2 de diciembre de 2018

Nunca ocurre nada los domingos



"Nunca ocurre nada los domingos. 

Nunca encuentras un nuevo amor en domingo.
Es el día de los infelices.
Día de pensión o día de familia.
Las horas más dolorosas de la amante 
cuando se imagina a su amado
con sus hijos en las rodillas 
mientras su mujer, sonriente,
entra y sale con tentadoras bandejas. 
Un día maldito.

Alguna vez tuvo que haber sido diferente.

¿Por qué si no tendríamos todos
que esperar con ansias el domingo durante toda la semana? 
¿Quizá cuando íbamos a la escuela?
Pero ya entonces las campanas sonaban
compungidas y grises como lluvia y muerte.
Ya entonces las voces de los adultos
eran débiles e insonoras como si buscasen a tientas
y en vano las palabras dominicales.

El olor a humedad y a pan mohoso,

a sueño, botas de goma y achicoria
ya subía entonces por la escalera
y la calle, que estaba dura, vacía y diferente 
de una manera desolada ­
El olor dominical nos forraba
con la gruesa capa de la decepción
que sigue a una expectativa
sin meta específica.

Pero, entonces ¿cuándo? En un lugar anterior a la memoria 

hubo felicidad, una expectativa irresistible
que todavía nadie había sido capaz de defraudar.
Entonces las campanas significaban que papá estaba en casa,
el bigote, las negras cejas y el olor a tabaco mascado 
estaban allí y allí quedaban, en un lugar cercano,
y quizá la risa de tu joven madre
sonaba más alegre que los otros días.

Es domingo. Tú nunca encontrarás

un nuevo amor ese día.
Estás sentada en el cuarto de estar
apabullada y rígida como una figura de cartón
a los ojos de los niños.
Escarban con los pies
y se pelean sin energía.
«Deberíamos hacer algo», dices.
«Sí», dice una voz detrás del periódico.
Entonces os calláis los dos, porque todo lo que tenéis ganas 
de hacer es oculto y secreto
y sería inaceptable para el otro.

Las campanas de la iglesia suenan. Las narices de los niños 

se llenan de desesperanzado olor heredado.
Sobre sus dulces rostros se desliza
una fealdad pasajera.
Una luz marchita
nace en sus ojos.

Pero todos esperamos el domingo 

toda la semana, toda nuestra vida, 
esperamos la ilusión de cientos
de largos domingos vacíos, agotadores.
Día familiar, día de pensión,
el infierno de los amantes secretos.
Ese día en que la nauseabunda grisura de los adultos 
impregna a los niños y establece
la incomprensible melancolía dominical de los años venideros."

Tove Ditlevsen
David Hettinger

domingo, 11 de noviembre de 2018

Proposición



Propongo
la audacia del tacto como recurso
a esos domingos tediosos en la tarde
cuando la carne proclama dulcemente
con esa desvergüenza de lo ingenuo:
muérdeme ahora
o quédate con hambre para siempre.

Silvia Ugidos

domingo, 28 de octubre de 2018

Melancolía del domingo



Tardes de domingo estirándose
a la espera, el anuncio
de otras tardes de domingo
que ya no anuncian
nada.

Aurora Bernárdez
S. Darbishire

domingo, 26 de agosto de 2018

Nostalgia



Tengo esa nostalgia 
de domingo por llover,
de guitarra rota
de oxidado carrusel...


Victor Heredia
Elizabeth Colombo

domingo, 19 de agosto de 2018

Domingo




Vivimos un domingo que desobedece al calendario.

Sonia Fides
Bianca Ballti

domingo, 12 de agosto de 2018

Los domingos...



Los domingos por la tarde, 
podrían ser azules

miércoles, 8 de agosto de 2018

Se vende...



Se vende esta casa
con sus gatos y sus soledades
la música de domingo
su techo de cristal transparente
su cocina estrecha de paredes amarillas
los pasillos discretos donde el amor fue testigo
los closet que guardan rencores entre ropas viejas
el rincón con florero sin rosas
el comedor lustroso de caoba centenaria
la terraza ausente, fría, con hiedras alrededor
es una casa amplia de dos niveles
con balcones mirando hacia los horizontes
y escaleras que llevan a sótanos oscuros
se vende o se regala esta casa
en todo caso, usted elige.



David Pérez

domingo, 5 de agosto de 2018

Domingos




Desde siempre me persigue:
al principio, de niña ,
venían disfrazados con las ropas solemnes
y los zapatos nuevos, camino de misa.
El domingo estorbaba para pisar los charcos,
para subir a un árbol, para sorber la sopa.
Era como un inoportuno visitante
al que enseñar de pronto
que se comprenden los códigos
que más tarde vendrían:
el gracias, por favor, siéntate recta,
estate calladita, no estropees las medias,
no te muerdas las uñas, saluda a la visita.
Había un enorme reloj en el salón
con un tic tac tedioso, las horas no avanzaban,
las horas se morían de puro aburrimiento
mientras la vida
esperaba en los charcos o en la copa de un árbol
a que pasara el día.

Silvia Ugidos
Holsoe

domingo, 29 de julio de 2018

Fábula de domingo



El domingo no existe.
Todos saben por qué
pero no lo evitaron
y el domingo recogió sus pertenencias
toda su ropa limpia de cada tendedero
el brillo en los vitrales de cada medio punto.
No llora su muchacha porque no tiene llanto
porque ya se ha secado
de tanto acariciarlo  y que no exista.

Él que siempre fue un marido regresando
para sembrar un poco de calma sobre el pecho
él que fue siempre 
al fin de la semana
el respiro profundo para empezar de nuevo.
Ahora se fue el domingo
el planeta es una cruz que se desploma
 y se ha quedado viuda su muchacha sin llanto.


Odette Alonso
Giarrano

domingo, 26 de febrero de 2017

Leyendo


Domingo.
Invierno.
Más allá de la ventana, la tarde
como una inmensa página gris
llena de tildes
zarandeadas
por el viento.

Karmelo Iribarren
John Ennis

domingo, 3 de julio de 2016

Sadi



No era por azar que el tiempo
transcurría desde entonces
más despacio: nos daba tanta pena
ver llover cada domingo
y mirábamos pasar la vida
que pasaba.
A menudo era suficiente.
Pero otras tardes la soledad,
aquella perra gris y coja,
mordía nuestros brazos
con ahínco, guardaba la casa
de todo lo perverso.
Y nos hacía llorar.

Luis Miguel Rabanal
Del blog de Javier
Foto: Linda Reynolds

domingo, 22 de mayo de 2016

Domingo



Ha habido en mi vida
interminables domingos
desolados y vacíos,
en los que deseaba ardientemente
escribir algo para consolarme
de la soledad y del aburrimiento,
para ser acariciada y acunada
por frases y palabras

Natalia Ginzburg

domingo, 13 de septiembre de 2015

Señor, la lluvia del domingo



Señor,
la lluvia del domingo
es una inmensa bañera
que me sumerge a cámara lenta
en el telón espumoso 

de sus rizos del sábado.
 Almudena Guzmán

domingo, 16 de agosto de 2015

Tarde de domingo



Cuando se sientan frente a frente
amores imposibles, quincallería amistosa,
tipos que se atrevieron y esa mujer intensa
que lleva augurios a felicidades que nunca entenderá,
la buena gente desecha las malas palabras,
la buena gente dice todos tienen posibilidades en la vida,
sienten crecer su amor por esa mujer intensa,
tan sola, que vivirá siempre detrás de una ventana
y todo lo que le ofrecen está demasiado azucarado.

Juana Bignozzi
Eugene Mokovnina

domingo, 9 de agosto de 2015

Domingo



“Ha habido en mi vida 
interminables domingos
 desolados y vacíos, 
en los que deseaba ardientemente
 escribir algo para consolarme 
de la soledad y del aburrimiento,
 para ser acariciada y acunada 
por frases y palabras”. 


Natalia Ginzburg
Hettinger

domingo, 12 de julio de 2015

Domingo


Una mañana de domingo
de invierno al sol.
Descalza.
En una reposera verde
con un perro gigante que
me acerca su cabeza para acariciar.
Una mañana helada
pero llena de sol
debajo del timbó
con el mate humeando,
el diario del domingo abierto
en mi falda,
el olor a lavanda,
el murmullo del río cerca.
Una mañana
de sol
de invierno
con un colibrí detrás mío,
una abeja,
el pasto verde alrededor.
Una canción de Compay
que viene de la cocina en donde
el almuerzo está
comenzando a existir.
Un pájaro que mira
escondido entre las ramas
de los eucaliptos.
Un bicho bolita
acurrucado en la galería.
Un sorbo de agua caliente y,
entre la yerba,
mojada,
la felicidad.



Cecilia Rossi
Pintura : David Hettinger

domingo, 7 de junio de 2015

Los domingos




Largos
aburridos
tediosos
azul-grises
son los domingos.

domingo, 3 de mayo de 2015

El cine Potencia



La pantalla del cine Potencia podía acoger
cualquier película y cualquier imagen;
los indios se encontraban aquí como en casa,
pero los héroes soviéticos
tampoco podían quejarse.
Al acabar la sesión se hacía un silencio
tan profundo que la policía se inquietaba.
Pero por la tarde la ciudad dormía con la boca
abierta, como un niño en el cochecito.
Al atardecer a veces se levantaba viento
y en el crepúsculo la tormenta centelleaba
con un resplandor irreal, violeta.
A medianoche en el límpido cielo
volvía la frágil luna.
Parece que algunos domingos
Dios estaba cerca.

Zagajewski
Related Posts with Thumbnails