domingo, 1 de julio de 2007

Esa higuera

que asoma sobre una parecita


se lleva bien con mi alma

Borges

8 comentarios:

°°JanEKew°° dijo...

ese olor tan dulce del higo es lo que más me gusta, incluso más que el fruto

floto y exploto en el olor del higo... en la pensión donde vivía hasta el año pasado había una higuera y siempre me iba a poner debajo de sus hojas y con mi cara las acariciaba mientras sentía su olor... todo el árbol tiene perfume a higos...


no sé, me encanta y evoca muchas cosas lindas la higuera... jjajaja me acordé de algo gracioso, mi tía abuela no me cree que el fruto mismo es la flor ya que ella dice que la gente cuenta que la higuera da una flor blanquita bien bonita...


en fin, magias de la higuera y es mejor creer que da la más bella flor jamás vista

°°JanEKew°° dijo...

te respondí en mi mismo blog

y síp es ella

Matvi. dijo...

En verdad en verdad os digo:
primero son las brevas,
después los higos.

El Guanaco Volador dijo...

Va llegando el tiempo de brevas e higos en el Norte.

Ayer la higuera olía avisando que ya falta menos para Septiembre.

¡¡¡Que bueno es visitarte!!!

Mari Carmen dijo...

En el pueblo de mi padre, en Nueva Carteya, hay muchísimas higueras, no sólo en los patios de las casas, sino en el campo, cerca de las carreteras locales y los caminos. La gente pasea y, cuando es tiempo, recoge el dulce fruto. Me gustan las higueras. En la rampa de mi garaje, en el muro que separa mi casa de la de mi vecina, comenzó a brotar una higuera. Ella tiene una y supongo que sus raíces han llegado hasta esta parte del muro. Tuvimos que quitarla, con gran pesar mío, porque se dice que levantan, con sus raíces, los suelos.

Buenas noches :)

Pamela dijo...

Me hiciste volar en el tiempo, al momento en que llegamos de Punta Arenas a vivir a Valparaíso. En el patio de la casa había una higuera cortada a ras de tierra, en su tronco habían puesto gasolina y la habían quemado. Nosotros veníamos desvastados de desgarro que significó "venirse al norte" y mirábamos con horror cómo los anteriores habitantes de esa casa habían matado a la higuera. Al verano próximo una hojita verde nos dijo que no estaba muerta. Tres veranos más tarde mi madre cosechaba higos y hacía una mermelada inolvidable. Lo más increíble es que al cabo del tiempo conocí a los vecinos, viejos españoles que habían llegado a Valparaíso de niños con sus padres y habían sido muchos años antes los dueños de todos esos predios, el señor recordaba que esa higuera la había traído su madre de España en el barco en un almácigo junto con otras plantas de su tierra. De alguna manera esa higuera nos estaba diciendo que SIEMPRE SE PUEDE EMPEZAR DE NUEVO

Sureando dijo...

que lindos recuerdos les ha despertado mi higuera. Me alegro por eso.

María Inés dijo...

Qué maravillosa síntesis del maestro...

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