martes, 13 de noviembre de 2018

Confín



Se bucea una y otra vez
tras los restos del naufragio.
Y una y otra vez
se depositan las capturas
en la pulida lámina de la orilla.
¿Qué es lo que queda fuera?
¿La espuma que se desborda de las manos
o el océano denso del lenguaje?



Ana Rossetti
Pintura: Laura Knight

lunes, 12 de noviembre de 2018

La misma piedra




Por mucho que analice yo este tema
siempre acabo llegando a la misma conclusión:
con esto del amor siempre se pierde
la libertad, la honra, la vida o la cabeza.
Pienso en Juana la Loca
pienso en la pobre Ofelia,
Yo desde luego soy de las que tropieza
una y otra vez con la misma piedra.


Silvia Ugidos
Ofelia. Ernest Hébert

domingo, 11 de noviembre de 2018

Proposición



Propongo
la audacia del tacto como recurso
a esos domingos tediosos en la tarde
cuando la carne proclama dulcemente
con esa desvergüenza de lo ingenuo:
muérdeme ahora
o quédate con hambre para siempre.

Silvia Ugidos

viernes, 9 de noviembre de 2018

Me dices...



Me dices que me quieres de una forma
que no puedo evitar ruborizarme;
que me quieres de un modo primitivo,
sin razón aparente y sin excusas,
y que me quieres porque me deseas,
porque sabes que yo también te quiero
y porque el monstruo de este amor nos come
el alma, la paciencia y los modales.
Qué lástima que todas estas cosas
se nos mueran ahogadas de silencio.
Amalia Bautista
David Hettinger

Gracias Javier

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Fuiste


¿Fuiste hoja alguna vez? ¿Apuntaste

la lupa sobre las nervaduras de tu mano?
¿Y de otra mano? ¿Qué sabés
con un rayito de sol?
del suplicio de quemarse para siempre.




Valeria Pariso

lunes, 5 de noviembre de 2018

Esta mañana...


Esta mañana es otoño

al decir estas palabras

siento como envejezco.



Kobayashi Issa 
Danielle Richard

viernes, 2 de noviembre de 2018

Soledades


De todas las soledades
tengo una
que no quiere
bajo ningún pretexto
estar a solas conmigo.





Valeria Pariso
Giarrano

jueves, 1 de noviembre de 2018

Puede



Puede parecer que ella está evitando la vereda del sol o que escoge vidrieras limpias donde mirarse pero no lo cierto es que va sorteando baldosas con el corazón en la boca no sea cosa que ese amor otra vez la encuentre y la desordene.



Valeria Pariso
Giarrano

lunes, 29 de octubre de 2018

El mal estudiante



Dice que no con la cabeza
pero dice que sí con el corazón
dice que sí a lo que le gusta
y dice que no al profesor
está de pie
le hacen preguntas
y le plantean un montón de problemas
de pronto se echa a reír
y lo borra todo:
cifras y palabras
fechas y nombres
frases y trampas

y entre el alboroto de los niños prodigio
con tizas de todos los colores
sobre la pizarra negra de la desgracia
dibuja el rostro de la felicidad. 

Jacques Prévert
Doisneau

domingo, 28 de octubre de 2018

Melancolía del domingo



Tardes de domingo estirándose
a la espera, el anuncio
de otras tardes de domingo
que ya no anuncian
nada.

Aurora Bernárdez
S. Darbishire

miércoles, 24 de octubre de 2018

Si me quito el amor


Si me quito el amor
desnuda me quedas,
no me pidas que rompa tus vestidos
ahora que llega el frío,
búscame en los armarios de tus calles,
en la ciudad sin ley de mis tres manos,
la derecha, la izquierda, la que te ama,
los pasillos y el tren donde una noche
descolgaré por fin tu gabardina
porque llegó el invierno,
la estación de las perchas,
los ojales más grandes del deseo
y mi cuerpo abrochándose a la espera
de esos días de lluvia que te pones
bajo la falda a veces
Fernando Beltrán
Giarrano

sábado, 20 de octubre de 2018

Inocencia


De la infancia, del oxígeno donde la tarde se ensancha.
De todo lo disuelto.
De la rica vena del estar vacío.
De tanta selva desganada: de ahí viene el mundo.

No has traicionado aún lo que amas.
Crees venir de lo que el cielo devuelve
y suena tu risa a junio, a río innumerable, a cabaña.
Yo te quiero sobre esta tierra lavada.
Yo que acabo donde el sol unifica pasiones.
Yo que nombro las cosas con derrotas que simulan palabras,
emitiendo sonidos que al decirse estallan
y habitan los albinos tejados del idioma.
Por eso acelero mi vida hasta otra vida.
Y si tú me preguntas qué puede delatarnos,
qué sonoro escombro es amor, qué sangres reúne,
qué juventud humillada es la nuestra,
qué desencanto traspasó los años
y las ardidas cosechas de la amistad...
Si me preguntas,
no sabré decir qué sucedió.
Ni si este breve forcejeo de cuerpos
ha servido para algo.

Antonio Lucas

viernes, 19 de octubre de 2018

La fugitiva


Mirándote parece que no existes,
que eres barro y adobe sin sustancia,
y miel, clavel o mar ya sin fragancia,
y sílabas de pan y seres tristes.
En lo alto de la noche mutilada
tu mano, brusca nieve palpitante,
perfila en su espesura iluminada
un raro movimiento. Deslumbrante:
Se ve de ti el otoño doloroso.
El arco de los ojos se insinúa.
Tu historia es simetría y es latido.
Y sólo un grito queda contenido,
un cuerpo conquistado que extenúa
la muerte que florece, y es dichoso.
Antonio Lucas
Javier Vallhonrat

jueves, 18 de octubre de 2018

Bar adentro


Está a mi lado
y tiembla como yo.

No nos decimos nada.
Somos
un paisaje tan sólo
apoyado en la barra de un instante
tan extraño y tan cierto.
Mirándonos así.
Sin valor.
Sin volar.
Sin atrevernos.
Sin siquiera acordarnos
que el mar era un silencio
que se curó con olas
Fernando Beltrán
Brent Lynch

miércoles, 17 de octubre de 2018

Carta al tiempo



Estimado señor:
Esta carta la escribo en mi cumpleaños.
Recibí su regalo. No me gusta.
Siempre y siempre lo mismo.
Cuando niña, impaciente lo esperaba;
me vestía de fiesta
y salía a la calle a pregonarlo.
No sea usted tenaz.
Todavía lo veo
jugando ajedrez con el abuelo.
Al principio eran sueltas sus visitas;
se volvieron muy pronto cotidianas
y la voz del abuelo
fue perdiendo su brillo.
Y usted insistía
y no respetaba la humildad
de su carácter dulce
y sus zapatos.
Después me cortejaba.
Era yo adolescente
y usted con ese rostro que no cambia.
Amigo de mi padre
para ganarme a mí.
Pobrecito el abuelo.
En su lecho de muerte
estaba usted presente,
esperando el final.
Un aire insospechado
flotaba entre los muebles
Parecían más blancas las paredes.
Y había alguien más,
usted le hacía señas.
El le cerró los ojos al abuelo
y se detuvo un rato a contemplarme
Le prohíbo que vuelva.
Cada vez que los veo
me recorre las vértebras el frío.
No me persiga más,
se lo suplico.
Hace años que amo a otro
y ya no me interesan sus ofrendas.
¿Por qué me espera siempre en las vitrinas,
en la boca del sueño,
bajo el cielo indeciso del domingo?
Sabe a cuarto cerrado su saludo.
Lo he visto con los niños.
Reconocí su traje:
el mismo tweed de entonces
cuando era yo estudiante
y usted amigo de mi padre.
Su ridículo traje de entretiempo.
No vuelva,
le repito.
No se detenga más en mi jardín.
Se asustarán los niños
y las hojas se caen:
las he visto.
¿De qué sirve todo esto?
Se va a reír un rato
con esa risa eterna
y seguirá saliéndome al encuentro.
Los niños,
mi rostro,
las hojas,
todo extraviado en sus pupilas.
Ganará sin remedio.
Al comenzar mi carta lo sabía.


Claribel Alegría
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