domingo, 31 de agosto de 2014

Huerto en Marrakech


¿Te acuerdas de aquel sur en el rojo verano?
Entré en la breve noche para gozar de tu huerto:
rincón de madreselva, dos pequeños naranjos,
y aquel jazmín tan negro, de tanto olor, rodando
la falda del ciprés que sube al cielo.
Bañó el árbol la luna, y se mojó mi boca.
Y qué cansados luego las aguas y las rosas,
el ciprés, los naranjos, el ladrón de aquel huerto.
Y todo fue furtivo: el alba, luego el sueño.
Francisco Brines
Gracias Antón Castro

sábado, 30 de agosto de 2014

Ensalada




 Como a solas ensalada

y a veces como soledad.
   Cae a mi plato, transparente, cruda,
y la tomo...
   De vez en cuando la cocino,
invento recetas:
   Soledad al vapor,
guisada, estofada,
en salsa rosa, verde.
   La verdad es que me sienta bien
a cualquier hora.
   Dicen que en la noche no se debe tomar,
que es dura, que no se digiere.
   También dicen que de mañana
deja el cuerpo triste, como en ayuno,
insatisfecho.
   Pero no es verdad,
quizás sea que la tomo
después de estar contigo.

Begoña Abad
Annick Bouvier

viernes, 29 de agosto de 2014

A la hora del té



...a la hora del té, 
mi alegría se sienta
 y llora conmigo...

Roberto Jorge Santoro
Bogdanov

jueves, 28 de agosto de 2014

Fines de Agosto




A finales de agosto hay algo que estalla
en hojas pequeñísimas
La explosión silenciosa
tras verdes clarísimos
y hasta a veces en la punta de las hojas
 un tono diferente,  
 difícil de definir, brilloso.
¿Te molesta este tema tan manido?
No importa.
Ellas
–las hojas–
salen.

Circe Maia
Shinichiro

martes, 26 de agosto de 2014

Perspectiva Nevski


Su paraguas naranja
competía
con las cúpulas de oro.

J.A.Bernier
Warren Keating

lunes, 25 de agosto de 2014

Sonido

                                                           

                                                        
                                                         El tímido sonido mudo
                                                  de una fruta que cae de su árbol,
                                                  y a su alrededor la música callada
                                                    del bosque, inquebrantado...


Ossip Mandelstam, 1908
Traducción: G. A. Chaves 

domingo, 24 de agosto de 2014

En el brillo de una mañana de domingo



In the glow of morning light


foto de autor desconocido

sábado, 23 de agosto de 2014

La idea



1.
Me intereso por todo.
Llevo años documentándome,
aunque no sé
                para qué obra.

2.
La espera, 
cualquier espera
endulzada por un acto de amor
que ya es, o puede ser,
el desenlace o el comienzo de algo.

3.
Cada vez que me acuerdo,
alzo la vista.

Juan Antonio Bernier
Francis  Boileau

viernes, 22 de agosto de 2014

Un viejo tapiz tibetano



Tu alma, que por la mía se desvive,
trenzada está con ella en un tapiz del Tibet.
Destello con destello, enamorados colores,
estrellas cielo avante diciéndose de amores.
Nuestros pies en esta joya descansando,
nudosmilesymilesocupando.
Dulce hijo de un Lama sobre un trono de almizcle,
¿desde cuándo se besa tu boca con la mía
y en la mejilla urde del tiempo viva urdimbre?

Traducción  Ricardo Bada

Else Lasker-Schüler 
Plutenko
Gracias Emma Gunst

jueves, 21 de agosto de 2014

Baja a mi noche



...Me falta la cretona y el canto del jilguero,
la tisana y la tarta, un calor de merienda
y el croché de la abuela, sentada en su butaca
y su nube sin tiempo.
Que la tele no grite
zafiedades al aire y noticias que atrapan
el corazón exhausto.

Salgamos a correr.

Pedro Miguel Lamet
Bogdanov

lunes, 18 de agosto de 2014

April



Like a mad red brain
the involute rhubarb leaf
thinks its way up
through loam.

Jane Kenyon
Robert Papp

domingo, 17 de agosto de 2014

Preludio




Busca y busca el amor una palabra
y la encuentra en los bordes del silencio.
Tiemblan las hojas, pero calla el viento.


J. Rauskin
Strinno

viernes, 15 de agosto de 2014

Cerradura



Sin darles tiempo de llegar hasta el lecho,
una vez afianzada la puerta de la casa,
se amarían ruidosos, jadeantes, salvajes.
No sabían entonces lo difícil que más tarde sería
abrir la cerradura con la llave oxidada del cansancio.




FECHADURA




Sem dar-lhes tempo de chegar até o leito,

 uma vez afiançada a porta da casa,
amariam ruidosos, ofegantes, selvagens.
Não sabiam então o difícil que depois seria
abrir a fechadura com a chave oxidada do cansaço.


Hilario Barrero
Laurie Kapolwitz

miércoles, 13 de agosto de 2014

Canción reducida



Si le fuera posible
desearía una voz
con menos ira que la propia.
No quisiera reconocer
roto, todavía, el hilo
de la esperanza y solicita
la voz al otro lado del teléfono,
que las horas persigan
otro día tras la noche y palpar
la cotidianeidad de la mañana,
ahora que toda la casa es solo
un sofá con una manta que nunca
llega a cubrir los pies.

Héctor Castilla
Deborah Dewitt

lunes, 11 de agosto de 2014

Donde


Dónde el sueño cumplido
y dónde el loco amor
que todos
o que algunos
siempre
tras la serena máscara
pedimos de rodillas



Idea Vilariño
Mary Jane Ansell

domingo, 10 de agosto de 2014

SEVENTH AVENUE CORNER BERKELEY STREET




La verde sombra que en la boca tiembla.
Ricardo Molina


En la gloriosa mañana de domingo
(la avenida con rojos tulipanes
y en las fachadas una luz de Hopper),
un muchacho, apoyado en la esquina
de la casa con un cerezo en flor,
está esperando a alguien
con un ramo de flores amarillas.
Un nuevo amor que nace tan temprano
y en domingo debería gozar
de una luz avanzada y larga vida
y no morir al mismo tiempo que las flores.

Hilario Barrero
LIbro de familia
Gary Hoff

sábado, 9 de agosto de 2014

Una brisa nocturna



Vivían con las palabras precisas.
Con las suyas y con las de los otros:
con las de Fernando Pessoa y Rilke,
con las de Juan Ramón Jiménez,
con las de Stéphane Mallarmé.
Y esas palabras, en forma de versos,
andaban por la casa como pájaros 
inquietos, como las notas huidizas 
de una ópera o de un río de sílabas.
Vivían entre las piedras y el cielo, 
entre los búcaros y el aleteo
de las telas. Siempre había un olor
a madera y a intimidad cercada.
Los libros estaban cerca. Los discos,
los cuadernos y una cesta de frutas.
Al llegar la noche, él se retiraba 
a un palomar que era su obrador,
su estudio y el oratorio de la poesía.
Hablaba con Ofelia, con Zenobia,
con Beatriz, el delirio de Dante.
Congregaba a los espectros del verbo.
Había un instante en que ella subía
a sentarse a su lado: temblaba la luna
y encendía la fronda de los olivos.
Una brisa retornaba del campo
y entraba por la ventana para ellos.


Antòn Castro
Sara Bryant

jueves, 7 de agosto de 2014

Correspondencia


Resguardada del tiempo
en una caja de madera con olor a lavanda,
que escondes en la esquina más negra del armario,
guardas la clave de tu vida.
Un tesoro que temes
se encuentre reducido a palabras borrosas
y sea una mentira perfumada.
No te acercas al polvo ni lo tocas
pues temes se convierta en purpurina
y manche tus recuerdos de oro falso.
Estás casi seguro que la única e inextinguible mariposa
es un gusano de seda carcomida.
Dejas pasar el tiempo y esperas
que sea tu enemigo quien descubra el botín.

Hilario Barrero
Libro de familia
William Whitaker. The secret.

martes, 5 de agosto de 2014

Monólogo de un padre


Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida
Lo hemos hecho en sombra
 por amor a las artes de la carne
pero también en serio
pensando en tu visita como en un nuevo juego 
gozoso y doloroso;
por amor a la vida, 
por temor a la muerte y a la vida,
por amor a la muerte
para ti o para nadie.

Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta 
como a nosotros este doble regalo
 que te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco del vergonzante barro original,
la angustia y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza del huevo,
a plena luz, ligero y jubiloso, sólo un hombre:
la fiera vieja del nacimiento,
 vencida por las moscas, babeante y rebosante.

Pero vive y verás el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe,
llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.

Nada se pierde con vivir,
 tenemos todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos ya
 a los diez años más intensamente;
los deseos entonces se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante,
el sueño que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo eras el rey,
 la reina, tus secuaces,
el bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.

Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz,
la nostalgia de nadie y nada que nos da la música.

Pero pasan los años por los años 
y he aquí que eres ya un adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra 
a luchar por el hombre contra el hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico,
 llegas a casa al otro día, muerto.
Se dice que enamoras a una vieja, 
te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios
 de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto 
como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo 
como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan
 porque no pueden soportar la muerte,
quienes se entregan a una causa injusta
 en su sed sanguinaria de justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo
 le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.

Pero llega el momento fatalmente
 en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto
 huye de ti que la persigues a salto de ojo,
inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo
 parece que te dice todo el mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica
caminas ahora con una libretita 
de direcciones en la mano,
impecablemente vestido,
con la modestia de un hombre joven 
que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire
 y se hunde en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas
 como un pez en el agua.
Vives de lo que ganas, 
ganas lo que mereces,
 mereces lo que vives:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.

Y así llegas a viejo como quien vuelve a su país de origen 
después de un viaje interminable 
corto de revivir, largo de relatar,
te espera en tí la muerte, 
tu esqueleto con los brazos abiertos,
pero tu la rechazas por un instante,
quieres mirarte larga y sucesivamente 
en el espejo que se pone opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes 
vas y vienes de negro,
al trote, conversando contigo mismo a gritos,
 como un pájaro.
No hay tiempo que perder,
 eres el último de tu generación en apagar el sol
y convertirte en polvo.

No hay tiempo que perder en este mundo 
embellecido por su fin tan próximo.
Se te ve en todas partes dando vueltas 
en torno a cualquier cosa como en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves 
con los bolsillos llenos de tesoros absurdos:
 guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar a muerte con la muerte
 y te entregas a ella, a un sueño sin salida,
 más blanco cada vez, sonriendo,
 sollozando como un niño de pecho.

Nada se pierde con vivir, ensaya: 
aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra por amor
 a las artes de la carne 
pero también en serio, 
pensando en tu visita
para ti o para nadie.



Enrique Lihn
Steve Hanks 
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