miércoles, 30 de abril de 2008

Panadería Española


(...) Todas las infancias de mi infancia tienen sabor de pan.
Y no sólo la infancia. Si aplico un bisturí preciso al tejido emotivo de mi cotidianidad, el pan siempre está presente. Lo está cuando la casa tiene su olor, y el pan reina en la mesa que preparamos en las mañanas de nuestros domingos de familia.
El olor del pan, resumen de todos los olores de la vida.
El pan bien hecho y la panadería de toda la vida, y los panaderos que se han educado en el olor del pan que hacía el padre, y la calle en la que están desde siempre, y las personas que compran el pan que aún conserva el olor, son los que construyen ciudad, allí donde otros sólo forman estadística.
Son los que forman la palabra convivencia, allí donde siempre “vecinea” la masa.
Briznas de poesía en mundos de prosa densa y fatigante. Fragmentos de belleza, en un mundo bastante feo.
El pan, el pan bien hecho, el pan con carga emotiva, memorística, el pan capaz de devolvernos el olor de la infancia, y recordarnos el sentido de las cosas, no tiene precio.
Por eso elevo esta oda al pan, convencida de hacer una oda a la belleza.
Pilar Rahola
Panadería Española en la calle Sarmiento de mi ciudad

5 comentarios:

El Guanaco Volador dijo...

Gracias por tus palabras Beatriz...las que nos dejaste en casa y las que nos regalas a los que te visitamos

Marcelo dijo...

Hoy al volver a casa demi trabajo, compré un poco de pan. Pero no pude evitar comenzar a devorarlo antes de llegar, como hacía cuando era niño. Muy buena entrada!

María Inés dijo...

Los momentos gratos...
La familia...
La simpleza de otro tiempo,
más cadencioso,
distinto...
Artesanía de la emoción,
que recuerda,
casi con nostalgia
aquella época donde había espacio para los sueños,
para las palabras,
y para el encuentro...
Siempre es un placer estar acá.
Un beso

Pamela dijo...

Sabor a infancia perdida me has dejado en el alma querida amiga

Kako dijo...

Que hermosísimo blog. Gracias por pasar por el mío y darme la posibilidad de conocerlo.
Yo vivo en Suiza, pero nací y me crié en Punta Arenas, pienso que como ese lugar no hay, no existe un confin del mundo mas hermoso que mi querida Magallanes. Tus fotografías me han hecho volar hasta el fin del mundo nuevamente y recordar parte de mi infancia a través de hermosos lugares que tu muestras. He sentido la necesidad de volver a pisar tierras magallánicas, creo que va siendo hora.
Gracias por tu aporte, un bello regalo.
Cariños Kako.

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