domingo, 12 de octubre de 2008

Domingos

Los domingos había allá una calma
nunca recuperada en otros pueblos.
La palabra añoranza acaso tenga
el sabor de esa dicha irrecobrable.
El color de la vida era el celeste
del cielo abanderado de su pueblo.
Pasaban las muchachas misteriosas
con sus madres. La misa era el destino.
En la plaza los árboles brillaban
bajo el sol eucarístico, en el aire
vibrante de campanas y estriado
por vuelos de paloma.
Mi mundo estaba en una esquina blanca
de calles silenciosas. Las calzadas
temblaban al pasar de los jinetes.
No se oían carretas. Los domingos
descansaban los bueyes en el campo.
En la esquina sombreada por ovenias
los tíos patriarcales, sosegados,
ya desaparecidos hace tiempo
de sus casonas de emparrados patios,
se reunían y hablaban y reían
felices, a la sombra en sus sillones,
con la paz del domingo en la mirada,
y eternos en la fuga de las horas.


Hugo Rodríguez
Pintura: A street in sunlight. Giuseppe Abatti

5 comentarios:

Froiliuba dijo...

Un texto precioso,has sabido como siempre buscar y casar un cuadro con sus letras. Ardua labor sin duda.

Cuando leia , veia el cuadro y, recordaba en mi cabeza esa bella canción de Serrat, Pueblo balnco, que tano me gusta. Ese pueblo es tan de todo sitios... creo que en todos los paises está.

bss desde Madrid

Marcelo dijo...

"Mi mundo estaba en una esquina blanca de calles silenciosas"
Qué belleza!
Un saludo

Ana dijo...

Y llegará a la esquina que doblará, y llegará deslizándose sobre pasos grabados.
Y todos los domingos serán el mismo. . . la misma calle, la misma gente.
No conocer nada más o haberlo conocido y perdido. Más allá de la enorme tapia que le ciega, sólo un horizonte de callejuelas.

Gracias Beatriz por cada momento que dedicas.
Gracias por tus palabras y visitas, también.

fonsilleda dijo...

Precioso poema, hermosa imagen, como las que desprenden las letras.

P.D. en otro blog me he enterado que tus orígines están aquí, en Coruxo y en Teis, cuando quieras, ya sabes, vivo en Vigo.

Un Abrazo

Mari Carmen dijo...

Qué belleza de palabras, Beatriz. Me han transportado a mis pueblos de la niñez, con aquellos domingos de calma chicha, donde la diversión era salir al campo y respirar un aire tan azul y cristalino como el cielo.

Un abrazo y gracias por estos bellos textos y, por supuesto, los cuadros. Son preciosos.

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