sábado, 1 de septiembre de 2012

Despedida


Inclinadas sobre los últimos baúles,
los ojos doloridos de llorar tanto,
la madre aseguraba algún cerrojo,
incluía algún objeto olvidado.
Nosotras vigilábamos sus idas y venidas,
aguardando la oportunidad
en que se hallara ocupada por largo tiempo,
para salir al jardín.
Cuando la vimos detenerse frente a la mesa
con un sinnúmero de papeles en las manos,
cambiamos la señal convenida,
y a los pocos instantes nos reuníamos
en el camino de álamo que bordeaba la quinta.
- "Empecemos por el lado del portón"
-anunció Irene.

La sombra de los troncos apenas permitía
que las nuestras, mucho más pequeñas y delgadas,
se acostaran a grandes intervalos sobre la tierra.
Ya junto a la puerta dejamos que Irene
se distanciara algunos metros de nosotras.
Marta iba detrás, seguida de Georgina,
Susana y yo, todas atemorizadas por la oscuridad,
por las figuras extrañas
que la luna creaba entre las ramas.
Era la última noche que pasábamos en Mendoza,
y por separado, habíamos coincidido en el deseo,
en la ternura de despedirnos, uno por uno,
de los árboles familiares que no veríamos más.
La figura de Irene disminuía junto a los grandes troncos
y su cabeza se acercaba a ellos, momentáneamente.
Un poco más atrás, nosotras hacíamos lo mismo;
besábamos la corteza áspera de una rama,
la dulzura fresca y húmeda de una hoja
que nos rozaba el rostro.

A veces era necesario que nos alzáramos
sobre la punta de los pies,

para alcanzar una rama muy alejada.
Otras, procurábamos
que un tronco demasiado rugoso

no nos lastimara los labios.
Cuando regresamos a la casa,
ninguna de nosotras se atrevió a hablar
y nos dirigimos, en silencio,
hasta nuestros cuartos..."

Norah Lange.
Cuadernos de infancia

Pintura: Dina Budginas

7 comentarios:

SUREANDO dijo...

Norah Lange, la pelirroja en la vida de Borges, de Girondo...
Este libro "Cuadernos de infancia"
es como leerme a mi misma, sus recuerdos, sus ritos, sus manías.
Ya subiré el fragmento de como ordenaba sus muñecas y objetos antes de dormir.
¡Gracias Marcelo! y a los amigos de Itaca, también por recordármelo.

ANAAAAA....las muñecas.

Marcelo dijo...

Es para ti, absolutamente. Norah Lange es mucho más que la musa de esos dos gigantes, y en este libro se ve clarísimo. Qué buena cita nos traes! Besar árboles, qué delicada ternura.

SUREANDO dijo...

Ya lo he contado antes, pero cuando me mudo de casa, además de mis objetos...traigo también mis plantas y mis árboles.
(hago esto, porque en una mudanza anterior, el nuevo propietario, arrancó todas mis plantas)
Ahora tengo una buganvillia en mi patio (lleva 4 traslados)
Bueno...la abrazo todos los días.
¡Delicada ternura, sí señor!
Estoy inmersa en el mundo de Norah.

ana maría parente dijo...

Amiga ,amiga ,como me hace acordar esta poesía a mi último verano "perfecto" en mi casa de campo.
Precisamente las noches plateadas eran las despedidas del verano ,la noche en que una ya presentía la añoranza.
Todo mezclado con el nerviosismo del regreso.
Pensar que mis niños eran en ese momento adolescentes y su principal atractivo eran los caballos con que galopaban por el campo-
Ayer mi hija menor me rompió el corazón pués me dijo que el canto de las paloma torcaz le recuerda el campo.

SUREANDO dijo...

Debe ser maravilloso ese recuerdo, Ana María, ojalá se pudiera regresar a un lugar así. Lindos recuerdos han de tener tus hijos de esos veranos.

Ana dijo...

Menos mal que todo queda en tu bitácora -estuve un tiempo en que la palabra bitácora me caía mal, por ser con be,con uve me sonaba tan maravillosa...algunas cosas aún no las entiendo, como que equis no sea equix, ya ves...qué tonterías- como te decía, todo queda en tu bitácora y, por ella, conozco a Ana María, y la acabo de ver, en su casa argentina, como a la propia Norah. Así la imagino yo, así te imagino igualmente, Beatriz, sé de tu amor por la tierra, por la naturaleza, y sé lo que la tierra siente por ti.
Ya no existiremos sin Norah.
(Se parece físicamente a mi abuela, con ella jugaba a las palabras...)

SUREANDO dijo...

Ay, pero que bello lo que escribes Ana. Si Norah nos ve en el mundo paralelo ése, sonreirá que cuatro mujeres y un "porteño" disfrutamos de su obra en pleno siglo XXI.

Marcelo tuvo la culpa, que busque un abogado. jajaja

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