viernes, 26 de julio de 2013

Al final de la comida

 
Al final de la comida
le he enseñado a mi madre
el libro de poemas
que acaban de publicarme.

La artritis de sus manos
apenas le deja mantenerlo abierto
y sus escasos años de escuela
recorren las palabras
como un niño que gatea
hasta hacer incomprensibles mis versos.

Loca de contento,
orgullosa de su hijo,
le lee un poema a mi padre
que la mira desde el sofá.

Cuando termina,
levanta la cabeza
y ve a mi padre dormido.

Lo despierta
y vuelve a comenzar
hasta tres veces
la lectura...

Yo no digo palabra,
pienso en los amos de la fuerza de los humildes,
en el tiempo delicioso que les robaron,
en la lengua que apenas les dejaron para comer
y reproducirse

en los profesionales del estilo,
en los críticos de las letras,

y en lo lejos que estará siempre
el pueblo sencillo y trabajador
de eso que llaman literatura.
Antonio Orihuela
Pintura:Gaiderov Michail

5 comentarios:

Ana dijo...

Profunda reflexión. Es maravilloso.

eva dijo...

Si la memoria no me falla, creo que ya hemos leído este poema, no? Es maravilloso, cierto.

"la artritis de sus manos apenas le dejar mantenerlo abierto"

o

"pienso en los amos de la fuerza de los humildes"

Un abrazo con todo el calor que por aqui tenemos, Beatriz.

eva

SUREANDO dijo...

Gracias Ana, vi que lo compartiste.

No, Eva, es la primera vez, pero hay un poema parecido en el blog.
Es profundo y terrible, creo yo, y verdadero.
Un abrazo

Soledad Vasquez dijo...

Yo no lo conocía...pero me encantó..pude mirar al autor observando con ternura a su madre leyendo su letras ..con un dejo de desolación por las cosas perdidas..mientras el padre a ratos dormía ..sin escuchar la poesía...

ana maría parente dijo...

Antonio ,estás equivocado porque fué en cierta forma BENDECIDO EL FRUTO DE SU VIENTRE.
A través del él todas sus DELICADEZAS pudieron volcarse en el mundo y en cierta forma lo TRANSFORMARON.

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