lunes, 11 de junio de 2018

Epílogo




Entonces Borges dormía con los ojos abiertos

y alimentaba su melancolía respirando la noche.
Era verano en el Hemisferio Sur,
él soñaba con el frío de Ginebra
o con la humedad implacable de Dakar.
Era verano en Buenos Aires
y el mundo le parecía un Atlas propio
donde podía dibujar sus viejas pasiones y sus viajes.
Sus dedos pasaban
lentamente
sobre los mapas,
se detenían en un lugar señalado en rojo,
una punzada,
un río de palabras y de imágenes,
el hombre ciego recordaba,
hurgaba en su memoria el tiempo,
deshacía una a una las páginas escritas de su vida.



Fernando Sarria
Ginebra, 2015

2 comentarios:

luz elvira ernst dijo...

...los mapas que te llevan a lugares desconocidos o te traen recuerdos de lugares conocidos...
gracias por recordármelos!!

Marcelo dijo...

Hay mapas que están en nuestros ojos. Aunque estén ciegos

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