lunes, 11 de junio de 2007

La infancia permanece...


como un tiempo secreto.....

De las anécdotas y los acontecimientos es difícil desentrañar las primeras señas que fundan una memoria vacía, la conformación de una mirada, la manera en que se construyen los deseos, los valores y todo aquello que constituyen los elementos que determinarán tantas cosas por el resto del tiempo.

Lo feliz o lo triste de una anécdota no puede entenderse claramente como feliz o triste, porque en esos años misteriosamente, lo externo, la risa o el llanto tienen un giro interior oculto, distinto, que queda anotado de otra manera, incierta en la memoria.

Delia del Carril
Cuadro: Going to school, James Hayllar

4 comentarios:

Pamela dijo...

uffff! ¡qué prolífica estás!, es que no alcanzo a leerte todo lo que yo quisiera. La foto de abajo me ha encantado.

Pamela dijo...

P.D: La niña que mira los chochos soy yo....

como dices que eres medio vegetariana, no te pido detalles de la muerte del chancho....

Mari Carmen dijo...

La infancia nos marca, para bien o para mal, el resto de nuestros días. Yo tuve una infancia adorable, entre gente que me quería, flores, animalitos y paisajes tranquilos. Fui una niña y una adolescente feliz, a pesar de los sinsabores, que siempre los hay, aunque seamos chicos.

Un beso, Beatriz.

Por cierto... mi abuela paterna se llamaba Eladia. Y en la familia, paterna también, hay muchas cármenes. Yo soy una de ellas :)

María Inés dijo...

Que sencillez en el relato, con esa cotidianeidad de la niñez y la más absoluta prolongación del interrogante existencial.
Me encantó

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