miércoles, 22 de agosto de 2007

Debo decir que...


nací muy cerca del mar.
A 3oo metros de mi cuna, rompían las mareas bajas; las altas inundaban el patio de la casa.
Viví 40 años mirando el mar.
Humos, velas, mástiles, grúas... y banderas: todas las del mundo que navega.
Conozco todas las banderas marítimas de la humanidad y en verdad son hermosas.
Algunas merecerían llevar todavía las cruces de Colón y otras la calavera y las tibias cruzadas de los corsarios.
Serían igualmente heroicas.
La vida me ancló en tierra firme ¿tierra firme? ¿no será más sólido el mar?
El mar en que nadie es capaz de clavar una estaca para fijar una ordenanza...
El mar, donde domina sólo la voluntad de Dios
y el hombre se pone a prueba a cada instante...
El mar, camino sin orillas ni encrucijadas, ancho como el libre albedrío.

Nicolás Mihovilovic R.
En el último mar del mundo.
Foto: Punta Arenas 1900

6 comentarios:

luciérnaga dijo...

Fantástico. Se nota que el mar
forma parte de tu alma.
Saludos cariñosos.

L.

margarita dijo...

Que lindo texto! Con lo que me gusta el mar... Bueno, yo estoy cerca del rio, el mar dulce. Y justo escribí sobre eso!
Un beso
M

Pamela dijo...

Querida Bea: El mar, otro de mis grandes amores!!

El Guanaco Volador dijo...

Hola Beatriz

Siempre es un placer visitarte, a veces en silencio, a veces dejando constancia.

Nunca se llega tarde al Patagonia, gracias por tus palabras

Común dijo...

Hola!!!!!!!!!

El MAR, que inmensidad, cuantos secretos que guardara, cuantos romances que habrá, visto y los que vera, jijiji

Un besote y abrazo de oso.

María Inés dijo...

Y seguramente el mar, con un espíritu divino, sería mejor lugar y más firme, que todo este conjunto de seguridades ¿seguridades?
que creó el hombre por creerse Dios...

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