jueves, 16 de agosto de 2007

Natales


Las casitas de madera de Natales están esparcidas desde la playa a los cerros,
en forma ordenada, con coquetería.

Sus fachadas son grises y los techos rojos, con largas chimeneas,
cercos de piquetes y aceras angostas, con soleras de gruesas tablas,
blanqueadas por el sol y la lluvia.
El pueblo está a orillas de un canal de aguas generalmente bonancibles,
pero que a veces se torna tempestuoso.

Al frente de la población se divisa una hermosa península,
con bosques y montañas, moles remotas y azules,
que resaltan como pintoresco marco alrededor del caserío.
En la bahía se mecen los barquitos de los pescadores
y de los cazadores de nutrias,
atados a los muelles, de altos pilotes barbudos de la lamilla.

A veces llegan vapores de ultramar a buscar los productos
de las estancias y del frigorífico.
Sobre sus gruesos cabos tendidos a la costa,
se posan los pájaros del mar,
cuando se detienen en sus vuelos migratorios


Primavera en Natales,
Osvaldo Wegmann

4 comentarios:

Pamela dijo...

Yo creo que Natales es uno de los lugares más lindos del mundo.

¡Sintonía total Bea!

Danka dijo...

Preciosos libro el de Osvaldo Wegmann. Me encantaría conocer Puerto Natales y siempre que lo he intentado no puedo hacerlo. Gracias por este fragmento que retrata a una ciudad de la Patagonia. Un abrazo.

Clarice Baricco dijo...

Siempre preséntandome poetas y sabes que me gusta mucho tu selección.

Besos

María Inés dijo...

Una hermosa pincelada de la niñez....

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