martes, 15 de abril de 2008

La vejez


"...Uno envejece poco a poco, primero envejece su gusto por la vida, por los demás, ya sabes, todo se vuelve tan real, tan conocido, tan terrible y aburridamente repetido... Eso también es la vejez.

Cuando ya sabes que un vaso no es más que un vaso. Y que un hombre no es más que un hombre, un pobre desgraciado, nada más, un ser mortal, haga lo que haga...
Luego envejece tu cuerpo, no todo a la vez, no, primero envejecen tus ojos, o tus piernas, o tu estómago, o tu corazón. Envejecemos así por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer.

Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí que envejece uno, fatal y definitivamente.

Un día te despiertas y te frotas los ojos, y ya no sabes para que te has despertado. Lo que el nuevo día te traiga lo conoces de antemano: la primavera, el invierno, los paisajes, el clima, el orden de la vida.
Ya no puede ocurrirte nada imprevisto: no te sorprende ni lo inesperado, ni lo inusual, ni siquiera lo horrendo, porque ya conoces todas las posibilidades, ya lo tienes todo visto y calculado, ya no esperas nada, ni lo bueno, ni lo malo... y esto precisamente es la vejez..."

El último encuentro, Sándor Marai
Pintura: Hammershoi

4 comentarios:

Mari Carmen dijo...

Pues yo espero que no sea así, será muy triste, realmente triste, y me niego a ocurra de esa manera. Yo quiero pensar en esos hombres y mujeres que aún a sus 80 años emprendían viajes y seguían con la curiosidad intacta. Yo quiero ser como ellos. Así quiero que sea mi vejez, como una luz que aún produce calor, no como una vela que se termina.

Un beso, Beatriz

Sureando dijo...

Pienso igual que tú Mari Carmen, pero esa era la visión de Sandor Marai, la cual lo llevó al suicidio en San Diego a pocos meses de la caída del muro. Seguramente no soportó el exilio tan prolongado de su patria y la prohibición de sus libros.
Un abrazo

paola dijo...

este es un tema que me da vueltas últimamente... los abuelos se van y quedan los padres.. abuelos.. y llegan otros jóvenes... y hay que hacerse cargo que la vida sigue, no? es triste Sandor Marai...

tengo un regalo para ti en
http://adocquinesis.blogspot.com
cariños
pao

Marcelo dijo...

Es triste pero es una posibilidad cierta, inquietantemente cierta. Descubrí este blog gracias a Mari Carmen

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