sábado, 2 de mayo de 2009

Claroscuro


La aplicación de las manos de los dedos
la concentrada inclinación de la cabeza
el sometimiento una tarea tan minuciosa como obsesiva
El aprendizaje de la sumisión y del silencio
Madre, yo no quiero hacer encaje
no quiero los bolillos
no quiero la pesarosa saga
No quiero ser mujer.


Cristina Peri Rossi
Pintura: Lacemaker. Vermeer

5 comentarios:

elena clásica dijo...

Me encanta esta poetisa. ¡Qué viva esta rebeldía!
Brava entrada. Saluditos.

auroraines dijo...

La poesía se convierte en la voz de la “La encajera” de Jan Vermeer".
Tiempos en que el trabajo tenía manos pero no tenía voz.
Buenísimo Beatriz!
Un beso

Marcelo dijo...

En tiempos difíciles como estos, es bueno recordar de donde venimos y que enmuchas cosas hemos avanzado.
Un beso Beatriz!

El Profe dijo...

¡Cuántas niñas no habrán dicho eso! Y también niños. El temor a perder la infancia es uno de los traumas más terribles de lo esencial humano, de su raíz esencial. Si a eso le añadimos toda la carga social... especialmente para el caso de la mujer...
Breve, certero y hermoso el poema de Cristina Peri.
Saludos desde este sur de Europa que es casi norte de Africa (¿se puede surear en un sur tan al sur que casi es norte... jajaja)

SUREANDO dijo...

Gracias Elena, Inés, Marcelo y el Profe.
Ese trabajo de la encajera, resume la dedicación, la sumisión de la mujer, el claroscuro de su vida.

Profe: siempre se puede surear, si estamos muy, muy al norte, damos la vuelta y bajamos.

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