martes, 22 de junio de 2010

Cierta luz inclinada


Hay cierta luz inclinada
en las tardes de invierno,
que oprime como el peso
de los sonidos de una catedral.

Nos hace una celeste herida
No encontramos la cicatriz:
sólo una diferencia interna
donde se encuentran los sentidos.

Nadie puede enseñarle algo,
porque es el sello, la desesperanza:
una aflicción de realeza
que nos envía el aire.

Cuando viene, el paisaje escucha;
las sombras detienen la respiración;
cuando se aleja, es como la distancia
en la mirada de la muerte.


Emily Dickinson
Pintura: Butirskiy

6 comentarios:

Inés dijo...

La pintura para el momento, lo muestra junto al texto tal como se siente uno aunque sea por un instante
en esos instantes de la luz inclinada.
Un beso

"Hay cierta luz inclinada
en las tardes de invierno,
que oprime como el peso
de los sonidos de una catedral."

Ana dijo...

El único invierno que me gusta es el invierno imaginado...
El de este poema, por ejemplo, que puedo sentirlo sin que se hiele en mis manos.
Hubo un tiempo, hace siglos ya, en que fue mi estación favorita.
Besos, Beatriz.

ana maría parente dijo...

Que magnìficos colores ,como habrá logrado ese anaranjado brillante del atardecer con el reflejo de la nieve?
En pintura esa luz estridente es difícil de lograrla.
No creo que sea difìcil para ANA que es experta pero para mì (que recién comienzo)es casi imposible.
La poesía da esa sensación de detención y muerte que da el invierno y su luz oblicua.

SUREANDO dijo...

Coincido con Ana, yo también amaba el invierno hace siglos...
Ahora quiero luz y sol, a veces esa luz inclinada, sólo a veces.

Inés está en ese paisaje.

Ana María: ¿ te estás atreviendo con la pintura? Es mi sueño también, a ver si retomo algún día.

Ana dijo...

Ana María podrías manchar todo el lienzo de amarillo, el más claro, y sobre tu soporte ya amarillo empezar como acostumbras.

ana maría parente dijo...

Gracias ANITA querida me salió un color divino.

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