lunes, 8 de octubre de 2018

El tiempo, sigue



la tarde se va
y los colores
y el agua
y ese aire
entre nosotros


ese soplo
que nos rodeaba


cómo vivir
sin ese sol
con este desaliento


qué penoso hablar
tocar un árbol


qué veremos después
más hermoso y más lento

Felipe Urondo
C. Nevinson

domingo, 7 de octubre de 2018

Un día más



ronca
lenta tarde
dueña del dolor
de caer
de golpear
de irse

ver el amor
más allá de las sombras


Felipe Urondo

sábado, 6 de octubre de 2018

Bar "La calesita"



Es el fondo de un bar. 
Es un lugar parecido a una cueva 
donde uno se sienta, 
bebe y ve pasar a hombres 
enrarecidos por distintos problemas. 
Es una gran linterna mágica. 
Es una gruta retirada del mundo 
que cobija a sus criaturas. 
Uno se siente allí ferozmente feliz. 
Acaba de aparecer el primer hombre,
 apenas ha aprendido a caminar,
 aún no sabe defenderse.
 El hombre sonríe y llora y sigue la fiesta.

Felipe Urondo

jueves, 4 de octubre de 2018

He vuelto...



He vuelto a la vieja costumbre 
de escribir en servilletas: 
el teclado me resulta demasiado frío
y los cuadernos demasiado rectos. 
Al fin y al cabo, todo el mundo sabe 
que los cafés se inventaron 
para que sobrevivieran los poetas, 
y los poetas para que sobrevivieran los cafés.



Alfonso Brezmes

miércoles, 3 de octubre de 2018

Tu pequeño corazón



Apoya sobre mi brazo tu pequeño corazón.
 No temas, detrás
  de la ochava 
nada puede alarmanos demasiado.


Sólo el horizonte que asoma 
para luego volver a esconderse.

Felipe Urondo

martes, 2 de octubre de 2018

El lector de poesía



El lector de poesía no es menos lector
que el lector de novela.
El lector de poesía no es menos
culto que el lector de novela.
El ser lector de poesía no es un defecto.
Ser lector de poesía no es haber leído
menos.
La literatura no es un concurso
de palabras.
La literatura no se hace con
cinta métrica.
No obliguen al lector de poesía
a leer lo que no quiere. A no ser que
se comprometan a leer poesía también.
Y ni así.
El lector de poesía tiene el derecho
de no leer las novelas completas,
como el lector de novela lee un
poema aquí, otro allí.
El lector de poesía tiene el derecho
de sólo haber leído Tolstoi. O Thomas
Mann. O Clarice Lispector. O
Philiph Roth. O ninguno de ellos.
El lector de poesía tiene el derecho
de no conocer las novedades.

La poesía también es literatura


Filipa Leal
Traducción: Alvaro Valverde
Pintura: Harold Knight

viernes, 28 de septiembre de 2018

Toma en tus manos...


Toma en tus manos
este jersey tejido en nudos de memoria.
Consérvalo, porque algún día
recordarás las manos desgastadas
que lo tejieron en las noches de tu infancia.
Y no podrás volver. Y tendrás frío
cuando descubras que vivir
a veces es llorar.
Abrígate con el amor que en el jersey está trenzado:
lo que nos quita el tiempo
ha sido el tiempo quien lo ha urdido
en formas misteriosas y sencillas
que hilvanan nuestras vidas a otras tramas.
Es imposible amar fuera del tiempo,
nada infinito hay que se alcance sin su hebra
aunque la hechura de su amor
nos muestre su belleza en sacrificio
sólo al perder a quien más hondo nos ha amado.
No pienses, como Eliot,
que sólo el tiempo vence al tiempo,
porque el tiempo es invencible.
Más bien realiza hazañas cotidianas:
piensa en mamá, aprende a tricotar
tus horas en ofrenda:
-punto de arroz,
ochos perdidos,
espigas que se cruzan
con las agujas de la vida…-
Ponte el jersey
y teje otro jersey para tus hijos.
Antonio Praena

(vuelvo a subir este poema maravilloso)

jueves, 27 de septiembre de 2018

Los gatos



Lentos
por las aceras,
inmóviles
en las repisas,
aovillados
en los sofás,

nos miran,
nos observan,
nos escrutan.

Llevan 
miles de años
haciéndolo.

Y siguen 
marcando
las distancias.

Karmelo Iribarren

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Algunos consejos...




ALGUNOS CONSEJOS DE DOÑA LEONOR
A SU HIJO EL POETA JORGE LUIS

No permitas que ella cruce el jardín de la palabra solo,
que descorra cortinas de tu sombra
o que apoye su olor en los peldaños.
Podría ensuciar los muros con leyendas.
Podría dejar dos velas encendidas
y la palabra solo nunca presta su almohada.
No compartas el taxi ni el pañuelo.
Vigila noche y día.
No le entregues la llave de la puerta.
No atiendas el teléfono.
Si te mira, no mires.
Que ella no ponga un pecho en esta casa.


Jorge Boccanera

martes, 25 de septiembre de 2018

Legión



Como puede decirlo
tan sólo quien no sabe lo que dice,
se me mueren en ti
los hombres que no he sido.

No he sido aquel que amaste, ni tampoco
el hombre que soñó que tú lo amabas.

No he sido el que ahora mismo te recuerda,
pues no recuerdo bien cuál fue mi sueño.

Posiblemente todos se extraviaron
por sendas que jamás transitaré.

Y ahora que en la noche llamo a alguien,
tan sólo aquel que un día tú quisiste
podría socorrerme si viviera.
Mas ese solamente estuvo vivo
el tiempo de tu tiempo y es por eso
mejor dejarlo aquí:
                                ya es tarde, me confundo
y debo abandonar a este que escribe
en aguas somnolientas y encontrarme
mañana con un ser desconocido
en este cuerpo mismo que me habita.
Mas, antes de entregarlo
                                          a la disolución
la última pregunta:
¿podrá tal vez la vida devolverme,
con estos mismo ojos y este llanto,
de todos los que fueron sólo a aquel
que tuvo vida en ti?

Ausente como yo, mi voz responde:
tu vida fue verdad, querido Antonio,
tan sólo con el paso de la suya.
El resto, solamente
materia de un poema.

Antonio Praena

domingo, 23 de septiembre de 2018

No me preguntes


Nunca sabré quien fui,
porque anduve perdida muchos años
persiguiendo tu sombra indescifrable
en noches pavorosas de negrura,
sin luna, farolas ni luciérnagas.

Despertaba a la orilla de mañanas
cada vez más remotas,
escasas y con la luz trufada de la tarde,
y me ponía en pie, pese al cansancio,
e iba tras la silvestre música de tu nombre.

Aferrada al ansia de encontrarte,
para andar más ligera me quité los zapatos,
me desvestí las ropas que acortaban mis pasos,
vacié los huesos de la médula
y me olvidé la vida en cualquier parte.

Elvira Daudet

sábado, 22 de septiembre de 2018

Releer a Milosz




Estoy leyendo de nuevo tus poemas,
versos escritos por un hombre cultivado,

que todo lo sabía, y por un mendigo, un vagabundo,
un emigrante solitario.
Siempre quisiste colocarte al otro lado
del poema, remontar el vuelo, ir a lo alto,
pero también avanzar hacia abajo,
hacia el lugar en que se inicia
nuestro reino tímido y humilde.
A veces la sonoridad de tus palabras
nos transforma durante un instante,
y de verdad llegamos a creer
que cada día es sagrado,
que la poesía —¿cómo podría decirlo?—
presta a la vida redondez,
la colma, le confiere un orgullo, ese impudor
que la formulación impecable trae consigo.
Pero entonces va llegando la noche,
pongo a un lado mi libro
y se reanuda el habitual rumor de la ciudad,
alguien tose, otro llora o maldice.



Zagajewski
Josep Comes i Tusquets

viernes, 21 de septiembre de 2018

Acontecer



Pasar no es sólo ir hacia fatal destino,
es también darse cuenta
de la línea del sol en el muro encalado,
de atardeceres lentos en la ciudad que habitas.


Eres cuanto recuerdas,
sin dejar el momento presente y pasajero
que ha de instalarse luego en la memoria,
y acompañar, más tarde, hermoso y rutinario,
donde buscamos fieles las íntimas presencias:
aquella voz pausada de mi madre,
el brillo de tus ojos al decir que me amabas.


¿Todo es cierto y ha sido, o está siendo?
Sólo una luz oculta que, misteriosa, invita.

Dionisia García
Evelyne Brigeois
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