La exuberancia del mundo
nos deja a menudo impotentes,
no somos capaces
de distinguir
más que fragmentos sueltos,
pequeños jirones.
Lo mismo
ocurre
cuando nos detenemos ante un lienzo,
ante un cuadro exhibido en
un museo:
tenemos que retroceder varios pasos
para abarcarlo entero.
La
soledad son precisamente
estos escasos pasos de distancia.
Existen dos
riquezas,
dos fuerzas muy semejantes,
aunque del todo distintas.
Una es
inmanente al mundo
y al hombre que actúa,
lucha y ama.
Su creador es
Dios.
La otra se expresa mediante pinturas,
libros, música o películas,
y
es un eco de la primera.
Su creador es el hombre.
La soledad es la zona
de silencio
que hay entre estos dos bullicios
Zagajewski
Pintura: A. Nedzvetckaya





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