Alfonso Calderón
Pintura:Ramona Youngquist
blog de rescate de la historia familiar, de la patagonia, vivencias, recuerdos, arte y poesía


A Andrés Miquel
Y si fuera un castillo
Habrían de cerrarse las puertas del castillo
Y levantar el puente.
Llenar de agua las fosas
Donde acechan los cocodrilos.
Y si fuera una cabaña,
Sería un madero grueso y pesado
Atravesado contra la puerta.
Tiene y a la vez no tiene
Muchas casas para clausurar.
Casas invisibles que habita
Casas perdidas en los bosques
Casas perdidas en el tiempo
Casas que nadie ve.
Cuando no hay puertas por donde escapar
Lo qué corresponde
Es hacerse invisible
Esperar
convertirse en silencio.
Los árboles no hablan,
Pero bailan con el viento.
Marcela Muñoz Molina
Pintura:Valeriya Kocareva
Gracias Marcela






Primavera. Vengo de la calle
donde el álamo esta maravillado,
donde se asusta la lejanía,
donde la casa tiene miedo a caer,
donde el aire es azul
como el envoltorio de la ropa blanca
del que ha sido dado de alta del hospital.
Donde la noche está vacía
como el relato interrumpido
que una estrella dejó sin terminar,
para perplejidad
de miles de ojos ruidosos,
sin fondo y carentes de expresión.
Boris Pasternak
Pintura:Alexis Baranek

Despertar es un salto en paracaídas del sueño.
Libre del agobiante torbellino,
se hunde el viajero hacia la zona verde de la mañana.
Las cosas se encienden. Él percibe
—en la vibrante postura de la alondra—
las oscilantes lámparas subterráneas
del poderoso sistema de las raíces de los árboles.
Pero a flor de tierra
—en abundancia tropical—
está el verdor con los brazos al aire,
en escucha del ritmo de una bomba invisible.
Y él se hunde hacia el verano,
se descuelga por el cráter cegador, hacia abajo
a través de grietas de edades verde-húmedas
palpitantes bajo la turbina del sol.
Así es detenido este viaje vertical
por el instante y las alas se ensanchan
hasta ser la quietud del gavilán
sobre aguas torrenciales.
Tonos desamparados
de las trompetas de la Edad de Bronce
cuelgan sobre el abismo.
En las primeras horas del día,
la conciencia puede abarcar el mundo
como la mano oprime una piedra entibiada por el sol.
El viajero está bajo el árbol.
¿Se extenderá, después de la caída
por el torbellino de la muerte,
una gran luz sobre su cabeza?
Tomas Tranströmer
Traducción:Roberto Mascaró.
Pintura:Gustav Caillebotte
Le ali degli occhi
hanno l’indaco nel verso,
follia non raccontata oltre
il nero della notte...





Dice: -El ajedrez tiene sus normas.
El rey está atado de pies y manos,
es la reina quien hace y deshace a su antojo.
Yo prefiero la vida diagonal del peón.
En el ajedrez no muere el caballo por la rabia,
no hay una rebelión de peones
ni es posible la locura pasajera
de un alfil que mate a los suyos o a sí mismo
por desesperación o amor.
Y así será mientras las piezas respondan
a un designio ajeno, a la mano que las dirige.
Sólo es humano el enroque,
el esconderse cuando huir no es ya posible.
¿Qué sería de las piezas, si libres?







