
pacífico poniendo
en las patas palmípedas de las Ws
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Pintura: Sarah Ryhanen
blog de rescate de la historia familiar, de la patagonia, vivencias, recuerdos, arte y poesía







Esta vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz.
Soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.
Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma,
canto y arena,
el mundo
es hoy tu boca,
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque si, porque respiro
y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.


El padre anda siempre despistado y la madre juega con él a los besos. Te vas a la cama sin darme un beso. Le pregunta. Y es de lo más tierno verlos.
Hace frío en fin de año y Rubén anda destemplado. Así que al acostarse, ya de noche larga, se ha metido en esa cama chica, que de crío era suya, y se ha arrebujado bajo dos gruesas mantas buscando aquél calor olvidado.
Hace un par de días que tuvo que abandonar su propia casa. El juez habló de malos tratos, pero él jura, sin embargo, que después de mirarla con esa tristeza pedigüeña del que no entiende por qué las cosas buenas se acaban también en navidad, sólo le preguntó en un tono más de exclamación que de ira, cómo era posible que hubiera olvidado tan pronto los buenos momentos. Ella debió de asustarse y lo denunció. El veintiocho, el día de los inocentes.
Así que ha tenido que volver a casa de unos padres viejos y amables. Una casa en penumbra en la que parece que siempre anochece. Una casa de la que Rubén ya había olvidado sus escondites preferidos y ese olor a rancio que lo impregna todo. Una casa llena de relojes detenidos, de figurillas de porcelana con mirada sin brillo y de medicamentos de viejos por las mesillas de noche.
Han cenado los tres, pretendiéndose felices. La madre esforzándose en cuidados, el padre casi ausente por el Alzheimer y el hijo disimulando congojas, para no empañar aún más la velada. Se han comido las uvas, se han mojado los labios con cava, y papá le ha dado dos besos a mamá antes de irse a la cama.
Cuando el viejo se levantaba del sofá camino del dormitorio, la madre, haciéndole un guiño previo a su hijo, le ha reprochado a su marido el que se fuera a dormir sin darle siquiera un beso de despedida. Y el viejo, con la mirada asustada y el ceño contrariado por su falta de recuerdo, sólo ha advertido la broma cuando ha visto a su mujer sonreírle. En la tele alguien canta un bolero.
Raúl Ariza
Gracias Antón

No sé por qué me acuerdo de los pueblos del Sáhara
y Palestina, a estas horas que amanece en Bagdad
frente a los ventanales.
Los poetas somos así. A golpe de latido
una metáfora nos conduce a la otra. Una piel a otra piel.
Será porque estos días en que la muerte me va rondando
me siento como en casa, soy más feliz que nunca.
Amargo como la vida, suave como la muerte,
dulce como el amor.





Desde que no te tengo, ni me tienes,
desterrada ternura, madre mía,
te llamo a cada hora y cada día
espero la llegada de los trenes.
Pero tú nunca vienes, nunca vienes
a compartir tus penas con las mías,
como hacías entonces, como hacías
antes de que existieran los andenes.
No sabes cómo duelen las heridas,
cuando no hay quien las cure por las noches.
No sabes cómo animan los reproches,
mezclados con los besos y las manos.
Cuando se pide o se llama en vano,
No sabes qué difícil es la vida.
Benedicto Lorenzo en el blog de Antón
Mis Mamás, 28 de enero 1937. Punta Arenas.


El barrio se inunda con la lluvia
Y es mejor permanecer en casa
Y no asomarse a la ventana
Para ensoñar una posible fuga.
¿Quién hacia la calle a mí me empuja?
¿Quién me tironea y me rescata
de esta prisión impuesta por el agua?
¿Quién en mí se queda y quién me expulsa?
Miro y moro la cárcel desde adentro:
El pecho mudo, hecho un nudo ciego
Esperando que un alcaide lo desate.
Mas no hay más cautiverio que este huirme,
Que este ir y venir sin habitarme,
Que este estar sin estar, y despedirse.
Eduardo Llanos
Pintura:Alexander Gerasimov




Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal,
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.
Cantando al sol,
como la cigarra,
después de un año
bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui,
solo y llorando.
Hice un nudo del pañuelo,
pero me olvidé después
que no era la única vez
y seguí cantando.
Cantando al sol,
como la cigarra,
después de un año
bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás
cuántas noches pasarás
desesperando.
Y a la hora del naufragio
y a la de la oscuridad
alguien te rescatará,
para ir cantando.
Cántame que con tu voz se calma mi dolor